Abuso Físico y la Violencia Intrafamiliar en el Adulto Mayor

Introducción

El equipo multidisciplinario de autores, compuesto por Dra. María D. Rodríguez Calvo; Dra. Coralia Gómez Mendoza; Dra. Tamara Guevara de León; Dra. Alina Arribas Llopis; Dra. Yaima Duarte Duran y el Dr. Pedro Ruiz Álvarez, realizaron en conjunto un estudio descriptivo en el Policlínico Docente José R León Acosta, provincia de Villa Clara, de enero a diciembre de 2016. De un universo de 373 pacientes de 60 años y más, se seleccionó una muestra constituida por 314 pacientes, por un muestreo intencional no probabilístico. Se estudiaron diversas variables, como edad, sexo, ocupación, convivencia, clasificación de la familia e identificación del maltrato. Se realizaron entrevistas estructuradas a los ancianos, se revisaron las historias de salud familiar y se aplicó el test de funcionalidad familiar. El aspecto más plausible de este artículo es su claridad en la declaración del problema de investigación y el más objetable, reside en las fallas metodológicas y el límite en su alcance de contenido.

Nos hemos propuesto evaluar críticamente la validez del artículo de epígrafe, analizando sus fortalezas y debilidades a la luz de la revisión de literatura en que fundamentamos nuestro análisis.

Desarrollo

El artículo describe una declaración del problema en los párrafos introductorios que enfatiza la falta de investigación sobre el tema. De hecho, existe muy poca investigación sobre el abuso sexual en la tercera edad pese la amplia cobertura periodística del delito por medios de prensa internacionales. La declaración del problema estaba implícita en la sección de resumen del artículo, pero el problema específico no se abordó directamente hasta que los autores identificaron vagamente sus hipótesis. La fundamentación fue basada en su objetivo, radicando también allí la justificación del estudio, que plantea y citamos: “…caracterizar la violencia intrafamiliar al adulto mayor en el área de un Consultorio Médico (Policlínico Docente Comunitario José R León Acosta en la ciudad de Santa Clara, provincia de Villa Clara, Cuba).

El artículo comienza con una declaración inexacta. “…se señala que las cifras reales sobre el maltrato a ancianos son difíciles de obtener, por un lado, debido a la negativa de la víctima a denunciar, por temor a las potenciales represalias y por otro, porque los actos ocurren, dentro del seno familia”. Afirmamos que la falta de políticas, planes y programas que respondan a necesidades reales de la población de mayor edad constituye también una forma de maltrato igualmente silente.

Más adelante en el artículo, explican que se realizó un estudio descriptivo desde de enero hasta diciembre de 2016, pero los resultados no son concluyentes. En la muestra predominó el sexo femenino y se observó la tendencia de que los ancianos jubilados fueron objeto de maltrato psicológico por parte de sus familias nucleares, tan disfuncionales como tradicionales, es decir apegadas a la cultura de la violencia normalizada a lo largo de los años e institucionalizada por conveniencia. Los conflictos familiares y las diferencias inter-generacionales resultaron los factores de riesgo más frecuentes. Concluyen los investigadores que, en las familias nucleares y disfuncionales, por lo general se observa mayor cantidad de signos de maltrato. En aquellos ancianos que conviven con sus hijos y nietos, es más evidente en el sexo femenino. El tipo de maltrato que más se evidenció fue el maltrato psicológico seguido del maltrato físico.

Los autores hicieron un trabajo razonable al resaltar las investigaciones anteriores sobre temas relacionados con su investigación e incluso proporcionaron comparaciones de la literatura cuando fue posible. Sin embargo, los autores se negaron a resumir o sintetizar la información o proporcionar sus opiniones sobre las implicaciones de la investigación y en su lugar se movieron directamente para establecer sus hipótesis de manera implícita. Habría sido beneficioso proporcionar más información sobre estos estudios y dar una explicación más detallada de cómo los investigadores citados habían recopilado sus datos y cómo habían definido las variables examinadas.

La violencia que impera en la sociedad actual es producto de la crisis que afecta a amplios sectores sociales e incluye las dimensiones política, económica y social. Las personas mayores en este contexto constituyen un sector vulnerable que es objeto de exclusión, sufriendo lo que se denomina violencia social en su multiplicidad de facetas. El abuso de las personas mayores constituye una violación de los derechos humanos y una de las causas importantes de lesiones, enfermedades, pérdida de productividad, aislamiento y desesperación (García Araneda, N. 2006). Cuba y Puerto Rico son… miembros de la comunidad caribeña y por lo tanto, comparten realidades similares parcialmente. Uno de cada cien ancianos reconoce haber sido víctima de maltrato dentro de la familia puertorriqueña en 2015 de acuerdo a las cifras reportadas por la Oficina de Asuntos de la Vejez (OAV). Esto supone que, a escala nacional, cerca de 6.000 ancianos sufren maltrato cada año. Lo primero que sorprende es que los cuidadores reconocen más abiertamente el maltrato que las propias personas mayores.

El maltrato consiste de un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona de edad, o la falta de medidas apropiadas para evitarlo, que se produce en una relación basada en la confianza. Puede adoptar diversas formas, como físico (26%), sexual, abuso emocional o psicológico, negligencia (37%), abandono y explotación económica o material (20%) de acuerdo a la OAV. También puede ser el resultado de la negligencia, sea esta intencional o no. Aunque la ignorancia de las leyes no excusa su cumplimiento.

Dentro del abuso físico, destacamos el maltrato sexual, que contempla el abuso sexual sin consentimiento y por la otra, la negación de la vida sexual, la burla o la actitud peyorativa de la sociedad frente al tema. Las dos son igualmente invisibles porque están relacionadas con una actitud altamente moralista, pero sobre todo por el convencimiento en el imaginario social, de que las personas de edad se vuelven asexuadas como resultado de los cambios biológicos sufridos por la edad (involución). Esta última es quizá, por lo generalizada, la forma más importante de maltrato porque significa robarle a la persona de edad su derecho al disfrute de su sexualidad y de sus relaciones íntimas. De acuerdo al Negociado de la Policía, no se reporta el 98% de las agresiones sexuales en Puerto Rico, debido al incumplimiento de los protocolos y la vergüenza de las víctimas. El informe del CAVV reveló, además, que estudios realizados en Estados Unidos estiman que el costo promedio de tratamiento y pérdida de productividad, entre otros factores, por cada violación es de $151,423, lo que asciende a $127 billones anuales, incluyendo costos directos e indirectos.

En muchas partes del mundo el maltrato de los ancianos pasa casi inadvertido. Hasta hace poco, este grave problema social se ocultaba a la vista del público y se consideraba como un asunto esencialmente privado. Se estima que solo 1 de cada 24 casos de abuso de personas mayores son reportados. Incluso, hoy en día, el maltrato de los ancianos sigue siendo un tema tabú, por lo común subestimado y desatendido por sociedades de todo el mundo. La de Santa Clara con su investigación poco rigurosa y la de Puerto Rico con su silencio. Cada día hay más indicios de que el maltrato de los ancianos es un importante problema de salud pública y de la sociedad por afectar a una población en continuo ascenso debido a las mayores expectativas de vida que dicho grupo manifiesta.

El problema existe en los países en desarrollo y desarrollados y por lo general no se notifica en grado suficiente en todo el mundo. Tan solo en unos pocos países desarrollados hay tasas de prevalencia o estimaciones, que se sitúan entre un 1% y un 10%. Aunque la magnitud del maltrato de los ancianos se desconoce, su importancia social y moral salta a la vista. En tal virtud, exige una respuesta mundial multifacética que se centre en la protección de los derechos de las personas de edad. Recordemos que dicha violencia acarrea costos económicos y humanos. Los costos directos se asocian con la prevención e intervención como prestación de servicios a través de programas preventivos, educativos, investigación, etc. Los costos indirectos son la menor productividad, el desmejoramiento de la calidad de vida, el dolor y sufrimiento emocional, la pérdida de confianza y autoestima, discapacidades y muerte (García Araneda, N. 2006).

Las formas de definir, detectar y resolver el maltrato de los ancianos tienen que enmarcarse en el contexto cultural y considerarse junto con los factores de riesgo que tienen una especificidad cultural. Por ejemplo, en algunas sociedades tradicionales se obliga a las viudas de edad a casarse de nuevo, mientras que en otras las mujeres mayores que viven solas son acusadas de practicar la brujería. Los ciudadanos en una dictadura callan por hábito y en una democracia por deporte.

Los autores exploraron aspectos comprobables relacionados con el maltrato, pero no hicieron una predicción sobre los resultados, lo cual fue apropiado. Se aplicó un muestreo intencional no probabilístico la muestra quedó constituida por 314 pacientes. El muestreo no probabilístico es una técnica de muestreo donde las muestras se recogen en un proceso que no brinda a todos los individuos de la población iguales oportunidades de ser seleccionados. A dicho método también se le conoce como muestreo por conveniencia. La principal consecuencia de esta falta de información es que no podremos generalizar resultados con precisión estadística.

Se aplicó la prueba FF-SIL, que se utiliza en la Atención Primaria de Salud para medir la percepción del funcionamiento familiar y evalúa los siguientes aspectos: cohesión, armonía, comunicación, adaptabilidad, permeabilidad, rol de los miembros de la familia y afectividad entre los mismos.

Este instrumento denominado FF-SIL, es un test de funcionamiento familiar que mide el grado de funcionalidad y permite identificar el factor relacionado causante del problema familiar y así intervenir más eficaz y efectivamente en este. El FF-SIL, cuestionario de funcionamiento familiar, tiene sólo 14 ítems. La escala para clasificar es de 70 a 57 puntos, Familia funcional; de 56 a 43 puntos, Familia moderadamente funcional; de 42 a 28 puntos, Familia disfuncional; de 27 a 14 puntos, Familia severamente disfuncional.

Para obtener la información, se realizaron entrevistas estructuradas a los ancianos, se revisaron las historias de salud familiar y se aplicó el test de funcionalidad familiar FF-SIL. Los datos recolectados se procesaron en SPSS, se determinó la existencia de asociación entre las variables a través de la prueba de independencia Chi cuadrado. Se diseñaron tablas y gráficos ajustadas a lo reportado. Medidas cualitativas, es decir subjetivas, no construyen conocimiento confiable. Era menester aplicar métodos empíricos para obtener resultados reproducibles y confiables.

De acuerdo a diferentes estudios, quien causa el maltrato o abuso tiene el mando o la influencia sobre la persona mayor. Las víctimas saben y confían en su abusador. La mayoría de las víctimas de maltrato depende de la persona que les causa algún daño (García Araneda, N. 2006). Hay un componente que es común en todos los casos y es la soledad y el abandono en que vive la población adulta mayor. No hay una red de apoyo familiar o social que nos permita validar la condición de la persona en el momento. Desde los puntos de vista sanitario y social, si los sectores de atención primaria de salud y servicios sociales no están bien dotados para detectar y resolver el problema, el maltrato de los ancianos seguirá estando semioculto. Es fundamental la actuación multisectorial y multidisciplinaria a los efectos del abordaje de la situación de abuso y maltrato, siendo fundamental el conocimiento de sus diferentes manifestaciones. A la inacción no se le combate con desinformación.

Una de las razones que originan el maltrato hacia los adultos mayores esta dado por el deterioro de las relaciones familiares. No existen límites bien definidos en las situaciones de maltrato, dado que los actos de acción y omisión se entremezclan y en muchos casos, las propias personas mayores se involucran en la construcción de situaciones de maltrato. Asimismo, se destaca el estrés del cuidador que puede derivar en abuso, especialmente cuando se trata de la atención de una persona enferma y dependiente que constituye una carga para la persona y principalmente cuando es escaso, inexistente o de difícil acceso por razones económicas el apoyo por parte de la comunidad.

En los pacientes encuestados, existe predominio del sexo femenino con 200 pacientes para un 63,7 % y del grupo de edades entre los 70-79 años con 143 adultos mayores lo que representa un 47 %. De los 314 pacientes que participan en el estudio, se constató que 177 (64,6 %) conviven en familias clasificadas como nucleares. Se aplicó la prueba FF-SIL, como resultado de la misma, priman las familias disfuncionales con un 53,6 %, al coincidir con que estas las familias nucleares, lo que constituye un hecho controversial, puesto que es donde más estabilidad debe existir.

El diseño del estudio fue muy limitado, por lo tanto, aunque los investigadores pudieron probar sus hipótesis, el diseño carece de la validez externa requerida y no es del todo apropiado para obtener la conclusión más precisa. Los autores mencionaron las variables que controlaron, pero no detallan cómo controlaron estas variables. Los investigadores identificaron y explicaron las variables que controlaban, pero como se mencionó anteriormente, no indicaron ninguna variable de co-fundación que consideraran que afectaría el resultado de su estudio. Si bien los autores no proporcionaron muchos detalles sobre los procedimientos de este estudio, sería posible que otro investigador replique el mismo tipo de estudio con relativa facilidad. Mencionamos, además, faltas ortográficas como criterio adicional que desautoriza los resultados al restar rigurosidad al artículo.

En cuanto a los tipos de abuso psicológico, el 89,1 % de los pacientes refiere que la familia no tiene en cuenta sus criterios en cuanto problemas, crisis o cualquier otra situación que en ella se genere, mientras que un 86,9 % refiere que durante el día pasan muchas horas solos, porque sus familiares trabajan o porque están en otras actividades fuera de la casa y aun cuando algún miembro se encuentre en la vivienda sienten soledad. En el caso del abuso físico, los empujones y los golpes son los más comunes para un 24,8 % y 19,7 %. En ambos casos los pacientes manifiestan que es la familia quien los maltrataba de esa forma.

Se destaca el papel trascendental que cumple la educación, dado que debería impulsar hacia un mayor conocimiento del envejecimiento y la vejez, como etapa evolutiva con sus procesos normales y patológicos. En la sociedad moderna, la vejez se considera un “deshecho”, destacando valores centrados en la fuerza, el éxito y conquista de bienes materiales. La juventud es el símbolo paradigmático de este siglo, pero aquella juventud económica y profesionalmente exitosa. Frente a este concepto se contrapone la construcción paralela por parte del imaginario social de la figura del “viejo” y aparece la “Gerofobia” (ageism) que señala por el hecho de ser mayor, una persona puede estar en riesgo, actitud que actúa como precipitadora de la vulnerabilidad. Estas actitudes surgen del miedo que las generaciones jóvenes tienen del envejecimiento y de su rechazo a enfrentar los retos económicos y sociales relacionados con el incremento de la población mayor. Las actitudes del “ageism” afectan la salud y el bienestar psicológico pudiendo estimular abuso y abandono.

El cambio de valores en torno a lo valioso o no valioso de la edad, destacando lo joven, lo bello, lo eficaz en términos productivos, da lugar al surgimiento del maltrato psicológico, la desvalorización, por el solo hecho del transcurso de los años. Los medios de comunicación fomentan dichos valores y aquellos que no cumplen esos requisitos son objeto de una forma de maltrato que es la ‘amenaza’ de excluirlos del sistema. La victimización social de las personas mayores comienza por los mitos y prejuicios que la justifican y terminan con su discriminación.

Los autores establecen y citamos: “La violencia intrafamiliar puede ser clasificada en: física cuando se usa la fuerza para herir, provocar dolor, incapacidad o muerte, para obligar al adulto mayor a hacer lo que no desea; psicológica a través de agresiones ver bales o gestuales con el objetivo de atemorizar, humillar, prohibir la libertad o aislar al adulto mayor de la convivencia social; financiera mediante la exploración impropia o ilegal, o uso no consentido de recursos económicos; sexual cuando se realizan actos o juegos sexuales de carácter homo o heterosexual que utilizan al adulto mayor para obtener excitación, relación sexual o prácticas eróticas; negligencia que consiste en la negativa, omisión o fracaso por parte del responsable del cuidado del anciano y abandono que es la ausencia o deserción del responsable por los cuidados necesarios al adulto mayor.

La tolerancia de la violencia en nuestra sociedad, el abuso y abandono de adultos mayores no ocurren en un vacío. Es producto de la tolerancia en la sociedad y de la aceptación de la violencia, que penetra a través de los niños, de los juguetes, de las películas y de los deportes, de la manera cómo aprendemos a resolver los conflictos. La aceptación de la violencia genera un ambiente que contribuye al abuso y al abandono de las personas mayores. Además, en nuestra sociedad, el envejecer lleva consigo el marginamiento. Inciden factores individuales y medioambientales tales como la pérdida de capacidad física o mental, la disminución de la red social o familiar, el retiro de varios papeles sociales que producen pérdida de status, la disminución de los ingresos luego de la jubilación, etc. Las imágenes negativas asociadas con el envejecimiento acentúan estos factores. Constituyen entonces factores estructurales, la presencia de prejuicios sociales sobre los adultos mayores al ser considerados una carga social, no teniéndose en cuenta su contribución a la comunidad. Los cambios en la estructura familiar disminuyeron la cantidad de integrantes de la familia y las personas mayores se encuentran más solas.

Los investigadores observaron un mayor número de signos de maltrato, en aquellos ancianos que conviven con sus hijos y nietos, al ser más evidente en el sexo femenino. El tipo de maltrato que más se evidenció es el maltrato psicológico seguido del maltrato físico. El método de selección de esta muestra fue descrito claramente. La selección no fue aleatoria porque los participantes se eligieron en función del hecho de que estaban dispuestos y disponibles para ser estudiados. Se anotó el género y la edad de los participantes, pero los investigadores podrían haber brindado más detalles. Para las pruebas previas y posteriores, los investigadores modificaron un instrumento existente seleccionando preguntas de un archivo de elementos de prueba. Sin embargo, no se dio una explicación de dónde obtuvieron esa información, cuántas preguntas originales de la prueba eligieron, cómo se administró esta prueba o las condiciones de la prueba. Se hubiera preferido una explicación más detallada que justificara la selección de preguntas y la audiencia se beneficiaría al ver las preguntas de muestra.

La situación de abuso y abandono de adultos mayores no se conoce bien, por la existencia de pocas estadísticas disponibles, así como por metodologías inadecuadas para el estudio de esta temática; falta de conocimiento público; escaso entrenamiento de cuidadores para reconocer indicadores de abuso y abandono. Puerto Rico, así como muchas otras jurisdicciones, cuenta con varias salvaguardas legales para proteger a la población de tercera edad, entre las cuales cabe mencionar:

  • Derechosmciviles: Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Carta de Derechos, del 25 de julio de 1952
  • Abandono: Ley Núm. 23 de 4 de febrero de 1995, según enmendada. Para enmendar la Ley 115 de 22 de julio de 1974 a fin de tipificar como delito el abandono de personas de edad avanzada de 65 años o más en cualquier sitio con intención de desampararlo.
  • Alimentos: Ley Núm. 22 de 4 de febrero de 1995, según enmendada. Para enmendar la Ley 115 del 22 de julio de 1974 a fin de tipificar como delito negarle alimentos a un ascendiente de edad avanzada.
  • Carta de derechos personas edad avanzada: Ley Núm. 121 de 12 de julio de 1986, según enmendada Establece la Carta de Derechos de las Persona de Edad Avanzada y la política pública respecto a las personas de edad avanzada, entre otras.

Estadísticas de los Estados Unidos indican que el 5%, o sea más de 750 mil envejecientes, son maltratados. Un 30% del abuso doméstico compromete a los hijos, un 15% a esposos y un 18% a otros familiares. El 37% de los casos son por negligencia, el 26% por abuso físico y el 20% por explotación financiera. Existe resistencia para que los adultos mayores informen acerca de situaciones de abuso porque: temen al maltratador; temen perder contacto con miembros familiares; no pueden superar la culpa que sentirían si su hijo o pareja se informan del maltrato o temen a la vergüenza que significaría que su propio familiar sea un abusador; tienen miedo de que lo saquen de su propia casa para llevarlo a una institución; desconfían de las autoridades y piensan que no darán crédito a su denuncia.

Teniendo en cuenta lo poco que sabemos acerca del alcance de este grave problema, y de cómo prevenirlo, es tan importante el fomento de la visibilización, de la realización de campañas de sensibilización pública y de la continua investigación, ya que los valores sociales y prejuicios en torno a la vejez o las distintas maneras de conceptualizar el maltrato en este colectivo pueden estar detrás de la falta de visibilidad de esta problemática. No pueden descubrir el abuso los adultos mayores debido a: falta de conocimiento que lo que están experimentando es abuso o maltrato o abandono; miedo al abusador; miedo de ser institucionalizados; falta de conocimiento de redes de apoyo; falta de recursos financieros; invalidez física o mental que dificulta informar acerca de su situación.

Los investigadores utilizaron estadísticas descriptivas y presentaron sus hallazgos en varias tablas. En adición, proporcionan posibles explicaciones de sus hallazgos y establecen claramente cómo difieren sus resultados de la literatura y los estudios existentes, pero no realizan comparaciones detalladas entre los estudios. Una de las fortalezas de la sección de discusión es su identificación de las limitaciones en su propia investigación. No se discutieron las implicaciones teóricas ni su importancia y se discutieron muy pocas implicaciones prácticas. Los autores podrían haber ampliado sus implicaciones, pero tal vez no pudieron hacerlo ante las limitaciones de su estudio. El ejercicio básicamente validó lo obvio y se prestó a manipulaciones estadísticas. Por lo tanto, no recomendamos la lectura del artículo reseñado por carecer del rigor y validez científica mínimas. No aporta nada nuevo al tema ni profundiza lo suficiente en sus causas como para resultar, al menos, convincente.

El impacto de la violencia individual es un grave problema de la salud pública, sufriendo sus víctimas lesiones físicas, enfermedades, traumas psicológicos, incapacidad y muerte. Las formas más graves son los homicidios y los suicidios de personas mayores. De acuerdo a los datos estadísticos del país con relación a las situaciones de violencia existentes, se presume que el problema se agravará si no se implementan respuestas significativas desde la sociedad. Las consecuencias para la salud del maltrato de ancianos son serias. El maltrato a personas mayores puede destruir la calidad de vida de una persona mayor en la forma de:

  • Capacidades funcionales decrecientes.
  • Mayor dependencia.
  • Aumento de la sensación de impotencia.
  • Mayor estrés.
  • Empeoramiento de la decadencia psicológica.
  • Mortalidad y morbilidad prematura.
  • Depresión y demencia.
  • Desnutrición.
  • Úlceras por presión.
  • Muerte.

El riesgo de muerte para los ancianos víctimas de abuso es tres veces mayor que para las personas que no son víctimas. Las estrategias preventivas tienen por objetivo la reducción de los factores de riesgo para el abuso y abandono. La educación y el conocimiento son elementos clave para su comprensión. El problema del maltrato de mayores en el hogar es bastante complejo. Desde la Psicología existen varios campos de acción:

· En cuanto a prevención, por ejemplo, los psicólogos escolares pueden hacer mucho en la lucha contra ciertos estereotipos (como el edadismo o discriminación por edad) y creencias culturales (como la normalización / aceptación de la violencia para la consecución de los fines) que sientan la base para el cultivo de este problema.

· En cuanto a detección, los psicólogos forenses, legales o clínicos pueden arrojar mucha luz (colaborando principalmente con jueces y magistrados) en la identificación de diversos tipos de maltrato (abuso sexual y maltrato emocional, por ejemplo) que, al no tener unos indicadores físicos claros (como los puede tener el maltrato físico o la negligencia), quedan más ocultos y son más difíciles de contrastar.

· En cuanto a intervención, es indudable la necesidad de un importante porcentaje de víctimas de violencia de recibir terapia para superar las consecuencias psicológicas del maltrato sufrido; es ahí donde entran en acción los psicólogos clínicos.

Constituye un problema de la comunidad, ante el cual ésta y la educación pública juegan un rol fundamental en el proceso de difusión del mismo, en la prevención, así como en la provisión de seguridad cuando las personas mayores lo requieran. Se destaca como un tema relevante, la soledad de las personas mayores y la falta de centros adecuados para el ocio. Ello constituye un problema y se ha identificado como una necesidad.

El abuso institucional puede ser la consecuencia de prácticas o procesos comunes que forman parte del funcionamiento de una institución o servicio de atención. Algunas veces este tipo de abuso se conoce como ‘mala práctica’, aunque este término refleja el motivo del perpetrador (la causalidad) más que el impacto sobre la persona mayor. Con el envejecimiento de la población actual, existe la posibilidad de que aumenten los malos tratos a las personas mayores a menos que se reconozca y aborde de manera más integral como hemos reiterado a través de nuestro análisis.

Conclusiones

Reafirmamos nuestra desaprobación de artículo como fuente de información fidedigna. Las buenas intenciones no bastan para cambiar paradigmas. Verdades a medias y medias verdades carecen de la fuerza para ello. Una mayor expectativa de vida ha generado un aumento en el número de envejecientes con el consiguiente incremento de problemas sociales como el maltrato. Gracias al conocimiento de las posibilidades, las limitaciones, los derechos, los riesgos y la realidad a la que este grupo poblacional está expuesto, será posible evitar una serie de problemas que pueden tener una repercusión personal, familiar y social cada vez más grande.

Recapitulando nuestros hallazgos, el maltrato es sinónimo de inequidad y de una amplia gama de limitaciones frente a la necesidad de desarrollo humano. En esos términos, en el área del envejecimiento y la vejez, el tema es de nivel estratégico y de responsabilidad de todos, especialmente si pensamos que todos estamos envejeciendo. La situación continuará mientras exista la violencia y los prejuicios contra la vejez, ya que los malos tratos son una consecuencia de la interacción dinámica entre los valores, las prioridades y metas de las personas, las familias y la sociedad. Asimismo, existen otros factores que contribuyen a que se produzcan situaciones de maltrato, tales como la pobreza, el desempleo, falta de recursos sociales, transmisión intergeneracional de malos tratos, etc..

La prevención y la intervención en el maltrato, así como el fortalecimiento de las redes de apoyo a los adultos mayores y la legislación existente, constituyen el objetivo principal de los programas. La identificación del maltrato en los adultos mayores resulta difícil, aumentando el riesgo con el aislamiento social de los mismos e incapacidad para el autocuidado o deterioro cognitivo, habiéndose visto con frecuencia la participación de familiares en situaciones de maltrato; es por ello, que todos aquellos que trabajen con adultos mayores deben tener la capacitación para identificar señales de probable maltrato, síntomas del mismo, denunciarlo oportunamente y brindar apoyo y orientación.

Reconocerlo como problemática social y habilitar lugares para denuncia y seguimiento, son importantes para su abordaje, lo cual requiere una amplia sensibilización del tema por parte de la población, así como programas que apoyen a víctimas y victimarios conjuntamente con grupos de autoayuda y el desarrollo y fortalecimiento de redes informales de apoyo como parte de una estrategia contra el abuso, violencia y abandono de las personas mayores. A menudo las causas de la violencia directa están relacionadas con situaciones de violencia estructural y/o justificadas por la violencia cultural; muchas situaciones son consecuencia de un abuso de poder que recae sobre un grupo oprimido o de una situación de injusticia social. Esto permite comprender las dimensiones de la violencia de tal manera de poder intervenir con anticipación, a los efectos de minimizar la violencia indirecta o estructural y la violencia cultural, lo cual puede ser un medio de prevención efectivo de la violencia directa.

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08 December 2022
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