Las Mujeres Nativas e Imigrantes en el Ámbito Laboral en Aargentina

Nativas e inmigrantes

En 1869, como sostiene Dora Barranco (2010) el primer censo nacional argentino había presentado una proporción del 31% de trabajadoras o empleadas en alguna actividad; el censo de 1895 el 30% y el de 1914 el 22%, caida que remontara unas décadas más adelante.

Cabe remarcar que probablemente en el censo del año 1914 el 68% de las mujeres fueron registradas como carentes de cualquier tipo de oficio o profesión , principalmente por una cuestión de género, que las condiciona a no poder desempeñar una actividad o ejercicio laboral con precisión, ya que al varón se lo veía como el proveedor de la familia y a la mujer como quien debía dedicarse al hogar y a los hijos. Ellas no accedían a un certificado que comprobara su desempeño en el mercado laboral, solamente profesiones como magisterio, lo que también inhibe la manifestación de habilidades y destrezas. En general, la presencia de las mujeres en el sector laboral se planteaba como un dilema que afectaba los cimientos del orden social porque el empleo femenino implicaba una “anomalía de en el mundo del trabajo” que afectaba la reproducción familiar y ponía en tela de juicio la feminidad sustentado en el modelo de familia patriarcal.

En el caso de las extranjeras, la situación era peor respecto a esas consideraciones, ya que como señala Barrancos (2013) con el aluvión de inmigraciones italianas que hubo a partir de 1913 las mujeres inmigrantes de no hablaban nuestro idioma, se encontraban forzadas a tomar trabajos en empresas que estuvieran fuera de la ley, como por ejemplo trabajo nocturno en condiciones insalubres o sino la elección de un trabajo domiciliario.

El censo omitió que el trabajo femenino en manufacturas e industrias estaba ocupado en un 15% por argentinas y un 13% por extranjeras (es relevante destacar que las industrias donde el número de inmigrantes era elevado se registraban los focos de los conflictos laborales de los primeros años). Las cigarreras, fosforeras, hilanderas, tejedoras sobrepasaron a las argentinas en un 25% , las alpargateras y trabajadoras del ramo de la producción de zapatillas representaban un 52%. En la producción de vestimenta las sastres eran las que sobresalen, y justamente en la “Huelga de los sastres” de 1904, fueron quienes contagiaron a costureras y modistas para sumarse al reclamo de mejoras laborales y salariales.

También se había constatado y visibilizado la existencia de otras ocupaciones laborales femeninas, como por ejemplo; costureras 142.644, lavanderas 79.059, modistas 45.127, tejedoras 28.088, mucamas 28.088, cocineras 49.200, maestras 21.961, parteras 2.140, empleadas de comercio 9.240, telefonistas 1.101. En esa fecha habían surgido las primeras profesionales: abogadas 6, periodistas 41 y 1.502 profesoras secundarias, médicas 59. Entre estas últimas se destacaron Alicia Moreau, Julieta Lantieri, Cecilia Grierson, Elvira Rawson de Dellepianen y Petrona Eyle, todas defensoras de las causas de los derechos femeninos .

Conviene subrayar que las condiciones de trabajo de las mujeres no eran las mejores ya que tuvieron que padecer pésimas condiciones laborales. Mirta Henault, transcribe un informe que el Dr. Bialet Massé elevó al gobierno de Buenos Aires: “No eran pocas las mujeres que cargaban con el sostén de la familia, con la rudeza de la vida; de aquí que aceptan resignadas que se pague su trabajo de manera que sobrepasa la explotación y con tal de satisfacer las necesidades de los que ama prescinde de las suyas hasta la desnudez y el hambre (…) La clase más numerosa la constituyen las costureras. Trabajando fuerte ganan 80 centavos a un peso; las de Repositorio Institucional Digital de Acceso Abierto, Universidad Nacional de Quilmes trabajo superior, de un peso 20 centavos hasta un peso con 40 centavos excepcionalmente; pero como en algunas casas trabajan varias, ayudándose unas a otras, no puede saberse bien lo que ganan (…) La mujer del artesano tucumano es la bestia de carga sobre la que pesa toda la familia; ella es la que revendiendo frutas o amasando o lavando o recibiendo pensionistas para darles de comer, consigue economizar unos centavos para vestir a sus hijos y no pocas veces para alimentarlos (…) ¿Cómo vive la mujer del peón? En medio de la inmundicia; el agua sólo entra en el rancho para la alimentación, nunca para la higiene. La mujer del peón, la lavandera, la que hace la comida con destino a las cárceles, la amasadora, llevan una vida de trabajos y sufrimientos; trabajan durante el tiempo de la gestación; trabajan en cuanto abandonan el lecho en donde han alumbrado y trabajan mientras dan de mamar y continúan haciéndolo hasta que la tuberculosis las consumen”.

A esto se le sumaba el conocido sistema diferencial de remuneraciones (Ver Gráfico 1) que eran dificultades graves para el desempeño de la mujer, ya que al igual trabajo los varones ganan más. Es notoria la desigualdad en la jerarquía entre hombres y mujeres, las retribuciones de las mujeres solían ser hasta menos de la mitad de lo que recibían sus compañeros haciendo el mismo trabajo. Aunque si bien las organizaciones obreras estuvieron dispuestas a denunciar su explotación no significó que esto pudiera alterar la pauta patriarcal esta diferencia salarial y menos la segmentación del mercado. Sin embargo, algunas agremiaciones como la “elite obrera” recusaron la progresión de las trabajadoras en funciones calificadas, rechazaron la idea de que ellas pudieran formarse y cerraron diversos puestos de trabajo a su acceso.

Dentro del mercado se crean y se expresan las relaciones determinantes de género, ya que hay actividades masculinas y femeninas, los representantes de la clases obreras defendían la lucha por la destrucción de un orden injusto y el nacimiento de otro igualitario, pero no mostraron la equivalencia de los géneros para impedir que el capitalismo se sirviera de supuesta natural de diferencia. Como expresa la historiadora Mirta Zaida Lobato (1995) “la discriminación de las mujeres, sobre todo en materia salarial, es un problema de larga duración. Una mujer que llega a las más altas posiciones en una empresa, gana 30% menos que su par varón. No hay gobierno, de la ideología que sea, en el mundo, que rompa esas diferencias”

Otra cuestión importante para destacar, era la obligación de servir a la cruel exposición de las trabajadoras al acoso sexual, ya que las mujeres tenían la obligación de servir al patrón sexualmente y esto constituyó en uno de los aspectos más nefastos respecto a la vida laboral de las mujeres, esto fue vivido por la mayoría de las que tuvieron que salir a trabajar y se manifestó en que muchas veces debían abandonar sus tareas laborales para no tener que someterse a semejante brutalidad, pero en otras ocasiones no tuvieron más remedio que respetar a esas órdenes.

En relación a esto, otro asunto a destacar era que las trabajadoras de diversos servicios debían ser solteras, porque se les exigía que debían atender su labor con total disponibilidad, y además los empleadores querían evitar problemas relacionados a los períodos de gestación, es decir, quién, cómo y hasta cuándo se pagaban. En pocas palabras, el casamiento las obligaba a renunciar (o eran cesanteadas).

Barrancos al examinar la vida de las telefonistas se encontró con un caso muy revelador y se trata de Amelia una telefonista que ingresó muy joven a comienzos del siglo XX a la empresa Unión Telefónica, esto se la cual se regía bajo una producción racional y controlada donde no se les permitía tiempos libres. Amelia en algunas ocasiones había sido observada por no haber cumplido con las normas de atención y en otros casos los llamados de atención fueron inflexibles donde se llegó a sancionarse con multas. También se les prohibía establecer conversaciones entre empleadas, debían pedir permiso para poder ir al baño, el horario que cumplia era abusivo, convivían en un ambiente laboral que no era adecuado y además los equipos de trabajo dañaban la audición, de igual manera todas estas cuestiones preocupantes eran transitadas por los pasillos de la Dirección General del Trabajo. Cuando se sancionó la ley en 1907 que era la que protegía el trabajo femenino e infantil se habían multiplicado los reclamos de a la Unión Telefónica pero Amelia no se plegó a las huelgas del personal telefónico ya que le faltaban convicciones para poder protestar contra la empresa. A comienzos de agosto de 1921 alguien dio cuenta que ella se había casado y como fue de esperarse Amelia fue prontamente cesanteada. D. Barrancos va a expresar que esto ocurrió más allá de la experiencia subordinante impuesta por sus tareas, del ahogo que significaban las rígidas condiciones laborales estamos frente a una subjetividad femenina transformada. Amelia, increpa en el domicilio de su jefe, a quien cree que fue el responsable de su despido, y ante la indiferencia de este, ella le clava un cuchillo en las costillas, pensando que lo había matado, hecho que no ocurrió. Ella fue condenada a ocho meses de prisión domiciliaria, pese a los intentos de una pena ejemplar mas severa, por parte de los directivos ingleses, además el juez consideró humillante e injusto lo que la empresa le había hecho, después de tantos años de servicio. Sumado a esto, en la central de Londres, comenzaron a revisar la medida y ya por los años ´30 se eliminó la exigencia de la soltería.

Por último, hay otro aspecto fundamental e imprescindible para destacar fuera del ámbito hogareño; es la falta de legitimidad del trabajo de las mujeres en la sociedad Argentina ya que todas las clases sociales preferían que las mujeres se quedaran en sus hogares atendiendo a la familia y los deberes. Esto terminó siendo un marca que perduró durante la mayor parte del siglo, siendo una la excepción del magisterio y algunos grupos de universitarias.

Entre 1930 y los años fines al peronismo surgieron notables oportunidades para la labor femenina. Debido al desarrollo del Estado peronista, las mujeres que tenían una educación formal mayor les permitía ingresar a tareas docentes y a funciones administrativas. En efecto, la superación de los cargos estatales era una demanda de empleadas, pero no solamente en cargos ministeriales que debian cumplir con diversas tareas ocupados por mujeres, sino también dentro de los servicios de labor publico. El censo de 1947 mostró una suma notoria respecto a los puestos estatales que ocupaban las mujeres, significó un aumento de detonaciones de personal. Asimismo miles de mujeres lograron ingresar al sector de las empresas telefónicas ya que en su mayoría eran solteras, a su vez podían ingresar solamente contando con educación elemental. Es de suma importancia destacar que la Unión Telefónica ambiento espacios de confort, equipados con sillones y mesas en las oficinas y en la situación de descanso las estimuló a estar activas

El sector industrial y fabril representa el segundo captador de la fuerza femenina. Dentro de la actividad industrial, luego de que la población se haya ido multiplicando debido a los flujos de inmigrantes y a su vez de la demanda internacional del procesamiento de ganado dentro de estas áreas se fueron aumentando las posibilidades de trabajo para ambos sexos. En relación a esto la incorporación de las mujeres dentro de las actividades fabriles se habían multiplicado a comienzos del siglo XX. La autora Dora Barrancos va a sostener que una investigadora importante pone en evidencia la importancia del trabajo femenino en los frigoríficos, sobre todo en grandes empresas como Swift o Armour se habían desempeñado cientos de mujeres y que en su gran mayoría fueron solteras, parece haberse enfatizado durante los años del bienestar peronista. Por otra parte, otra de las ramas más importantes en el desempeño industrial femenino eran las trabajadoras textiles, comprendiendo alrededor del 60% – 65% de la mano de obra industrial en la gran ciudad, es aquí donde se encontraban las peores condiciones laborales, retomando el informe escrito por el Dr. Bialet Massé elevado para el gobierno de la ciudad de Buenos Aires “(…) La clase más numerosa la constituyen las costureras. Trabajando fuerte ganan 80 centavos a un peso; las de trabajo superior, de un peso 20 centavos hasta un peso con 40 centavos excepcionalmente; pero como en algunas casas trabajan varias, ayudándose unas a otras, no puede saberse bien lo que ganan (…) El ramo de las planchadoras en Tucumán está tan malo como en las otras ciudades del país. Muchas mujeres trabajan en sus casas, y hay varios conatos de taller con una oficiala y dos o tres aprendices. Trabajan de 6 de la mañana a las 6 de la tarde, teniendo un descanso de media hora para el mate, mañana y tarde, y hora y media a mediodía, de modo que la jornada efectiva es de diez horas y media (…) otro oficio era la lavandera. Estas son unas desgraciadas; flacas, enjutas, pobres hasta la miseria. Visité algunas lavanderas y planchadoras y me enteré cómo efectúan estos trabajos de modo primitivo. En una batea, debajo de un árbol o de unas ramas, unos tarros de petróleo, en el que hacen hervir la ropa, puestos en un fogón, que son tres o cuatro piedras en el suelo…”.

Como en toda rama industrial al incrementarse la actividad, es necesario más mano de obra, es aquí en la industria textil donde se encontró la mayor incorporación de mano de obra extranjera, donde superaban a la cantidad de argentinas empleadas, pero no solo en el trabajo industrial textil las extranjeras conformaban la mayoría de las trabajadoras, o por lo menos en el gran buenos aires, en el sector de confección de vestimenta de acuerdo al censo realizado en la profesión de sastre sobrepasaba 4 a 1.

17 August 2021
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