Democracia Y Populismo En America a Finales del Siglo XX

Introducción.

A finales del siglo XX se decía que uno de los hechos más importantes e históricos era la preminencia de la democracia que había logrado sobre el autoritarismo. En efecto, ocurría un importante proceso global en el que se destacaba su consolidación, incluso en los territorios con poco historial democrático. Esta afirmación provenía de los cambios políticos del final de la guerra fría en 1989, cuando la ola libertaria de los regímenes comunistas recorrió la Europa oriental y cambió el sentido de las ex repúblicas soviéticas, aliados y de algunos simpatizantes de occidente.

El final de la pugna entre los dos bloques antagónicos catapultó el optimismo intelectual de occidente que declaró el éxito pleno de la democracia liberal. Es el fin de la historia -exclamó Fukuyama- cuya aseveración revivió el debate en torno al destino de la humanidad y destacaba que, al concluir la rivalidad de las ideologías con la derrota del comunismo, se lograba un gran desenlace -el final de la historia- en el que la democracia, el liberalismo y la economía de mercado no tendrían más barreras y se constituían en el factor insuperable de satisfacción humana en un mundo democráticamente globalizado.

La efervescencia de los ganadores -con un desenlace hollywoodense- prometía democracia y calidad de vida a quienes no la tenían, dejando atrás las restricciones de los regímenes socialistas. El plan de occidente parecía perfecto, pero el predominio del espíritu democrático y el excesivo optimismo no facilitó el proceso de conversión, no resultó un proceso sencillo, automático o incluso mágico para alcanzar o conseguir los satisfactores prometidos. El anunciado “Happy End” de la historia humana, finalmente no se concretó porque simplemente no podía ser de esa manera.

Desarrollo.

La democracia, su identidad, sus valores y su representatividad, hoy están a prueba como pocas veces en la historia. Si bien como forma de gobierno ha tenido una expansión sin precedentes en todas las regiones del mundo, hoy experimenta dificultades, desencantos y peligrosos retrocesos. Nunca antes hubo un mundo tan democrático como en nuestros días. El Informe Global Sobre el Estado de la Democracia, presentó un dato destacable: “3 de cada 5 personas a nivel mundial y 9 de cada 10 a nivel latinoamericano viven hoy en democracia; en otras palabras, 97 países (que representan el 62% de los países del globo) son actualmente democracias.

La democracia sigue siendo el sistema de gobierno en el que todos los ciudadanos se representan, tienen el derecho al voto (sufragio universal), hay elecciones libres y se reconocen los derechos humanos regulados y garantizados por ley. En el siglo XXI es la mayor apuesta de justicia social y gobierno justo en el orbe y sigue preservando la promesa original de representar la voluntad del pueblo en la complejidad de nuestra época.

Sin embargo, las sociedades democráticas parecen estar hoy sometidas a una inestabilidad crónica en la que predominan las malas noticias, las acciones precipitadas, los errores, los escándalos y se vive en una línea que alterna momentos de crisis económicas con momentos de parálisis derivado de las medidas de atención de la misma crisis. Los desafíos de la democracia, se manifiestan en forma de insatisfacción social, desencanto colectivo y enojo hacia regímenes democráticos sin resultados.

Debo decir en defensa de la democracia, que sus principales riesgos provienen de dos fuentes de inestabilidad social. La primera es el sistema económico capitalista que se escuda en la democracia como el modelo ideal de gobierno. Sobre el tema, A. Nadal comenta: Frente a los principios de igualdad de derechos de la democracia, el capitalismo no distingue igualdad alguna. El capitalismo y la democracia no pueden verse como hermanitos gemelos; son enemigos mortales que conviven. Por eso Hayek, uno de los ideólogos más importantes del neoliberalismo, no titubea en recomendar la abolición de la democracia si se trata de rescatar al capitalismo.

La trinidad capitalista perfecta democracia, libre empresa y mercado mundial es una falacia. La acumulación de capital, las crisis cíclicas y las políticas de equilibrio macroeconómico en las naciones, son la causa de las restricciones financieras que limitan el desarrollo en los países y son causa de la desigualdad social a la que se suman la incompetencia de las burocracias gobernantes, los intereses corporativos y la corrupción.

Sobre el tema, J. Gray decía: Karl Marx pudo haberse equivocado con el comunismo, pero en lo que se refiere al capitalismo, mucho de lo que dijo resultó ser correcto. Pensaba que el capitalismo era radicalmente inestable. Tenía incorporada la tendencia de producir auges y colapsos cada vez más grandes y profundos y, a largo plazo, estaba destinado a destruirse a sí mismo. Hoy la democracia se encuentra amenazada porque la vía electoral no parece ser suficiente para lograr cambios en las decisiones económicas determinantes. Esta incapacidad es una causa del “fastidio democrático” que sin duda existe en dimensiones que verdaderamente nos deben preocupar

En 2011, luego de la crisis económica internacional de 2008, el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo y el Banco Mundial, presentaron los resultados del estudio titulado “La vida en los países en transición”. Fue resultado de una encuesta que contempló 39 mil entrevistas con la opinión de personas de los países de la Europa oriental, además de las muestras tomadas en Francia, Alemania, Italia, Suecia y Reino Unido.

El contexto del estudio lo explica el artículo de The Economist Intelligence Unit que destaca: La crisis golpeó a las economías de transición de Europa oriental más que a cualquier otra región de mercado emergente; el PIB real se contrajo 6% en 2009. La crisis tuvo impacto en los hogares por recortes salariales, pérdida de empleos y reducción de remesas. El 42% de los hogares en los 29 países de transición fueron muy afectados por la crisis, mientras en Alemania, por ejemplo, sólo 15% respondió en tal sentido.

La encuesta destacó un notable descenso respecto al sentimiento positivo por la democracia. El estudio dice que, en las naciones en transición, el respaldo a la democracia osciló entre un 50% y un 30% de los encuestados. El apoyo más bajo se observó en Serbia, Letonia, Rusia, Lituania, Ucrania y Bosnia-Herzegovina, lo que quizás no fue sorpresivo debido a que han sido poblaciones con una cultura política predominantemente autoritaria. Se detectó entre los consultados una actitud de apatía e indiferencia, lo que no es una base sólida para el avance de la sociedad, ni para una consolidación fácil de la democracia.

Latinoamérica es otro referente donde también ha crecido el sentimiento de fatiga democrática. La encuesta Latino barómetro 2018, también dio pistas respecto a la crisis democrática que atraviesa la región: La insatisfacción democrática creció del 51 al 71%; mientras que la satisfacción pasó del 44 al 24%.  En este reporte, México se presenta como uno de los países de Latinoamérica con mayor insatisfacción con la democracia. Se menciona que el 16% de los mexicanos está muy o algo satisfecho con la forma en cómo funciona la democracia en el país, mientras que el 84% dijo estar poco o nada satisfecho. 

Los países de la región que manifestaron mayor satisfacción con su democracia son Uruguay, Costa Rica y Chile, con números de entre 44 y 49%. Por el contrario, Brasil, Perú, Venezuela y El Salvador tuvieron niveles de satisfacción de alrededor del 10%. En 2019, la encuesta Barómetro de las Américas destacó que solo el 57% de los ciudadanos de la región apoyaban la democracia como la mejor forma de gobierno, lo que presenta una disminución frente al 66% del respaldo reportado en 2014. 

El documento explica que “Por primera vez desde el inicio de la Tercera Ola de democratización, la democracia sufre un proceso de erosión en toda la línea. Consecuencia de ello, si bien no estamos frente a una contra ola democrática (es decir una disminución significativa y sostenida del número de democracias), la situación es muy preocupante ya que nunca antes, en las últimas cuatro décadas, el futuro se vio menos democrático que en nuestros días. 

La reducción del espacio para la acción cívica, los intentos de debilitar los frenos y contrapesos democráticos, los altos niveles de desigualdad y los ataques a los derechos humanos, son los principales riesgos que enfrenta la democracia a nivel global. Se suman los magros resultados de gobierno en la región en los temas de inseguridad, corrupción y vulnerabilidad que aumentan dicha erosión.

El populismo presente

Con insistencia se dice que el populismo nuevamente recorre el mundo y ocupa lugares preponderantes en los sistemas políticos nacionales. Ocurre en las democracias que se devalúan por desencanto y enojo social por incumplimiento de los gobernantes a las demandas colectivas. Y también está presente en los escenarios electorales, donde la añoranza y el miedo son atendidos por líderes que cargan en su actuar y decir el adjetivo “Populista”.

El vocablo siempre ha representado un reto de análisis para la academia, debido a que su uso cotidiano tiene una intención despectiva, de improperio hueco sin ninguna carga ideológica definida. El uso de la expresión populista es profundamente ambigua y su objetivo es fundamentalmente denostativo. Sin embargo, su pretendida existencia a partir de la identificación de semejanzas entre las diversas experiencias populistas y los efectos que generan en las democracias, son argumentos válidos para profundizar en un aspecto político en el que muchos advierten su calidad de riesgo grave para la democracia.

Conclusiones.

En un sentido básico, el populismo es una estrategia político, partidista y electoral de un líder que se aboca a construir una identidad de cercanía con amplios sectores de la población. Desde una postura opositora asume una imagen rupturista que contrasta con la actitud y comportamiento de los actores políticos tradicionales. Su estrategia implica la construcción de un liderazgo político redentor y justiciero que asume como suyas las causas del pueblo. Es un personaje contrario del “status quo” y construye un relato de lucha y confrontación que replicado día a día, encuentra afinidad y simpatía colectiva.

El relato rupturista que construye se vincula como la continuidad de episodios históricos del país. Ensalza valores nacionales de lucha (independencia, soberanía, libertades y aspiraciones de la gran nación o del noble pueblo). Se suma a su discurso la mención y remembranza de los héroes nacionales y el amor patrio que se conjugan con una importante dosis de fervor religioso. Todo proyecto populista se inicia como fuerza opositora al gobierno y comienza con los señalamientos por la falta de resultados y la exigencia de los mismos, señalando responsables.

El líder se ubica en la visión del enojo ciudadano y el hartazgo del pueblo. Lo expresa cuando en su discurso denuncia y reclama con certeza, que los derechos a la educación, salud, vivienda, empleo y seguridad, se convierten en privilegios de unos cuantos; para los que pueden comprarlos o para los que reciben programas sociales a cambio de su voto. Cómo parte de su estrategia política, se esfuerza por implantar su narrativa como la visión predominante del escenario electoral, que empata con las aspiraciones del mayor conglomerado social insatisfecho por las mismas causas que el populista enumera.   

17 August 2021
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