El Efecto de la Toma de Decisiones de un Líder Educativo

Introducción

La toma de decisiones es un proceso que consiste principalmente en la selección de una opción, que se considera la más adecuada, entre una serie de alternativas disponibles, con el fin de resolver un problema que se tiene en la actualidad o en el futuro. La necesidad de tomar decisiones puede llegar a ser un proceso muy tedioso, difícil y desconcertante; la dificultad de recopilar toda la información necesaria para elegir la decisión más adecuada conlleva asumir la responsabilidad y las consecuencias de la toma de decisiones. El líder educativo efectivo tiene la responsabilidad de tomar decisiones con el fin primordial de resolver un conflicto o situación que le impide lograr las metas u objetivos que se han formulado y que redunden en beneficio de la institución y la comunidad escolar. 

Desarrollo

Los modelos, teorías o perspectivas propuestas para tomar de decisiones efectivas es un asunto que el líder educativo debe conocer a la perfección, pues no es un secreto que el día a día, de los líderes educativos está lleno de situaciones en las que deberá elegir entre una diversidad de alternativas.  Lorenzo (2005) establece que “el liderazgo es el motor de esa construcción histórica, social y cultural que llamamos centro educativo”. El autor también establece “que las organizaciones educativas, tienen vida propia, en donde el líder implanta carácter y le imprime un estilo propio a la institución educativa que dirige”. Las instituciones educativas cuentan con cualidades que la hacen únicas. Del mismo modo, poseen debilidades que tanto el líder educativo como la comunidad escolar deberán enfrentar y fortalecerlas. Por consiguiente, todo el personal debe estar envuelto y familiarizado con el proceso de toma de decisiones.

Según varios autores que han señalado que el contexto educativo abarca varias dimensiones tales como: la ética, la cohesión y los recursos y las competencias necesarias que le permitan al líder educativo enfrentar el desarrollo y los cambios que nos plantean los conceptos de innovación, autonomía, resolución de problemas, empoderamiento, resiliencia, toma de decisiones y democracia educativa. El proceso de tomar decisiones en los contextos escolares colaborativos propone la creación comunidades de aprendizajes colaborativos y la implementación de planes democráticos, conducentes a la educación libertadora y democrática, que tanto proclamó Pablo Freire. Por otra parte, la National Policy Board for Educational Administration (2015) ha establecido que “Los líderes educativos se enfrentan a la enorme tarea de brindar un ambiente de aprendizaje democrático”. El líder educativo tiene la responsabilidad de maximizar los recursos disponibles, es decir promover la integración a través de un ambiente cooperativo, en el que todos asuman cierta responsabilidad y puedan tomar las decisiones en equipo; con el fin de desarrollar y transformar el proceso de aprendizaje.

La educación al igual que otros campos se desarrolla a través de los cambios sociales, culturales, políticos y económicos. La dinámica inferida de los cambios señalados propone nuevos paradigmas que invitan a reflexionar en la función o el rol social que desempeñan las instituciones educativas. Este rol social les permite a los individuos a desarrollarse de manera efectiva y convertirse en seres humanos que forman parte de una sociedad que invita al desarrollo e integración total de los individuos. A esos efectos, es imperativo comprender que, dentro de esa integración o colaboración social la democracia es un punto crucial y al que todo ser debe aspirar. En este contexto, importante señalar que la democracia nos permite diferir e inclusive no estar de acuerdo con las posturas que otros han propuesto, por tanto, el respeto a la diversidad de opiniones es fundamental en todos los procesos democráticos. Soto (2016) refiere que: “La democracia es un orden que se caracteriza porque las leyes y las normas son construidas o transformadas por las mismas personas que las van a vivir, cumplir y proteger”.

El artículo “La toma de decisiones en los contextos escolares colaborativos” nos presenta el concepto y la formación de entornos educativos democráticos y colaborativos (Rodríguez, 1996). Se han desarrollado muchos enfoques educativos para tratar de adaptar la educación a las necesidades y valores del siglo XXI. En la educación democrática se impulsa a que el proceso de aprendizaje se base en los valores fundamentales de nuestra sociedad. La educación democrática no ve a los jóvenes no como simples receptores pasivos de conocimiento, sino como personas activas y creadores de su propio aprendizaje. Es decir, los estudiantes no son el producto de un sistema educativo, sino que estos son parte de un sistema que valora a los participantes que componen la comunidad de aprendizaje.

Amy Gutmann (1999) define la educación democrática “como un movimiento mundial hacia un mayor poder de decisión para los estudiantes en el funcionamiento de sus propias escuelas”. Es importante señalar que la educación democrática tiene como principio fundamental y premisa básica de que todos los seres humanos somos únicos y, por lo tanto, cada uno de nosotros aprende y piensa de manera distinta. Al apoyar el desarrollo individual de cada joven dentro de una comunidad solidaria, la educación democrática ayuda a los jóvenes a aprender sobre sí mismos, a mantenerse en control, involucrarse con el mundo que los rodea, tener la capacidad de decidir o elegir y convertirse en miembros positivos y contribuyentes de la sociedad; son los conceptos que le dan vida a la educación democrática.

Rodríguez (1996) entiende que la colaboración es “un proceso establecido entre los participantes, tiende al análisis y el tipo de relaciones generadas en las instituciones educativas y entre ésta y su entorno más próximo, la familia e instituciones sociales”. De igual forma, establece que la escuela es un lugar donde el docente y los estudiantes promuevan las reglas sociales y la justicia. Además, establece que “una escuela que promueve la colaboración y el desarrollo de valores como la interdependencia, la apertura, la comunicación, la autorregulación y la autonomía”. La autora establece, a través del artículo, que las escuelas colaborativas deben estar apoyadas en la comunicación, la reflexión y las relaciones interpersonales y en análisis y la revisión de la realidad actual de las instituciones educativas. En este contexto, la educación desafía el enfoque de la enseñanza tradicional, en donde la creencia fundamental estriba en que los jóvenes deben seguir el ejemplo de sus maestros y no cuestionar su capacidad o conocimiento. El enfoque democrático establece que los estudiantes y los docentes deben ir de la mano en donde la participación se dé no solo en la práctica docente sino también en el plan de estudios y cualquier otro asunto que envuelva el contexto educativo.

A través del artículo, se establece la necesidad de formar escuelas comprometidas con los valores sociales y democráticos en el cual el proceso de toma de decisiones esté fundamentado De igual forma, se desafía la educación democrática también, desafía la forma convencional del proceso de enseñanza-aprendizaje estableciendo sus bases en el compromiso de construir una comunidad participativa. Beane y Apple (1995) explican que los educadores comprometidos con la democracia saben que cualquier desigualdad en las escuelas también se encontrará en la comunidad. Por lo tanto, no solo buscan la democracia en los institutos, sino que también necesita ser extendida a la comunidad (Beane y Apple 1995, citado en Essays, 2018). Por tanto, a educación democrática es importante no solo para el beneficio de los jóvenes que experimentan este tipo de aprendizaje. Pues, la educación democrática también tiene el potencial de difundir un impacto social más amplio, ya que las personas autodeterminadas que experimenten el proceso de la educación democrática serán los líderes y participes en la construcción de una sociedad más democrática y justa.

El artículo pretende demostrar la importancia de desarrollar entornos escolares democráticos y participativos. En ese sentido, los estilos de liderazgo en los entornos educativos son importante. La autora destaca el liderazgo democrático y el autocrático. Esta sugiere que el líder utilice el liderazgo democrático en el que, dicho líder asume una posición dirigida a la adopción de roles, que es entendido como: “la habilidad de ponerse en el lugar de los otros. En cuanto al estilo de liderazgo autocrático Rodríguez (1996) plantea que su uso no es conveniente en una escuela justa y colaborativa. En cuanto a este punto es importante destacar que en una escuela democrática la tarea del líder y los docentes no es imponer, sino que estos deben estar abiertos a la comunicación, el diálogo, la reflexión y el debate. El objetivo de esta apertura va dirigido a que los estudiantes logren desarrollar la capacidad de discutir, dialogar y ejecutar sus propias decisiones. En ese sentido, Ayers (2009) afirma que ‘los estudiantes deberían poder hacer su propio juicio basado en la evidencia, hacer preguntas fundamentales y buscar respuestas donde sea que los lleven’.

El liderazgo eficaz delega al director la responsabilidad de propiciar ambientes de trabajo colectivo, por tanto, es fundamental que el docente vea la educación desde la perspectiva sistémica, colaborativa y de cooperación, mas no como una tarea individual en el que cada cual vive dispersado, esperando que el docente provea las instrucciones de tal o cual tarea. Decíamos en otro trabajo, que en estos tiempos se cuestiona la capacidad del líder educativo y de sus supervisados, sin embargo, nos quedamos atónitos e inertes ante los cuestionamientos de distintos sectores. De ahí la importancia de que los líderes tengan la capacidad de automotivarse y convencerse que la transformación educativa comienza por ellos. El concepto de escuelas justas o comunidad de aprendizaje promueve el estilo democrático y la transformación de las instituciones educativas, los líderes, docentes, padre y estudiantes.

Flecha (2007) establece que “el aprendizaje colaborativo va dirigido a la superación del fracaso escolar y la eliminación de conflictos, este proyecto apuesta por el aprendizaje dialógico mediante los grupos interactivos, donde el diálogo equitativo se convierte en un esfuerzo común para lograr la igualdad educativa de todas los estudiantes”. Mientras que, Imbernon (2007) señala que dentro de los cambios necesarios en la educación está la de entender que actualmente la enseñanza se ha convertido en un trabajo colectivo necesario e imprescindible para mejorar el proceso de labor del profesorado, la organización de las instituciones educativas y el aprendizaje de los estudiantes. Es decir, todos los componentes de la comunidad educativa son igualmente importantes para llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje.

El liderazgo democrático es un de estilo de liderazgo en el que los miembros del grupo desempeñan un rol significativo en el proceso de toma de decisiones Este tipo de liderazgo promueve que todos tengan la oportunidad de participar, las ideas se intercambian libremente y se alienta al diálogo. El proceso democrático tiende a enfocarse en la igualdad grupal y el flujo libre de ideas, no obstante, el líder del grupo está allí para ofrecer orientación y control. Varios investigadores han descrito que el estilo de liderazgo democrático es uno de los tipos más efectivos y conduce a una mayor productividad, mejores contribuciones de los miembros del grupo y una mayor moral del grupo. El líder, en este caso es el director, debe ser capaz de practicar y promover la transformación educativa, innovar, dirigir a todos sus miembros y a la escuela hacia un cambio de mentalidad, mejorando la visión y la misión utilizando el talento y habilidades de sus miembros.

El liderazgo transformacional requiere líderes con una visión más amplia y a largo plazo, sino líderes que miran más allá de los muros de su escuela y aprenden de los demás. El líder transformacional crea una cultura de innovación y motiva a los maestros y estudiantes a progresar continuamente. Estos tienen el objetivo de crear ambientes de aprendizaje eficientes y en donde los estudiantes puedan desarrollarse de manera integral. Además, es necesario que este tipo de líder confíe en sí mismos y estar conscientes de que la transformación no es el acto de una sola persona, sino que existe el esfuerzo de todo un equipo unido en donde el fin es lograr el progreso y el bienestar de todos por igual. Burns (1978) establece que el líder transformacional provee de cambio y movimiento a la organización a través de una clara visión de las metas que pretenden alcanzar y guiar a la institución hacia la calidad educativa de excelencia; y con equidad para todos y la profesionalización del docente. Este tipo de líder enfatiza las nuevas posibilidades y promueve una visión de futuro porque es guiado por un fuerte sentido de propósito”.

Por otra parte, el liderazgo transaccional se basa en un sistema de recompensas y castigos. Dubrin (2004) indicó que los líderes transaccionales se centran en participar en intercambios con los miembros de su equipo, estos intercambios se basan en lo que los líderes esperan de sus empleados. Mientras que, Bryant (2003) declaró que “los líderes transaccionales tienen tres características principales”. Primero, los líderes transaccionales trabajan con los miembros de su equipo e intentan obtener una recompensa por su objetivo. En segundo lugar, intercambiarán las recompensas y las promesas de la recompensa por el esfuerzo laboral. Finalmente, los líderes transaccionales responden a los intereses personales e inmediatos de los trabajadores.

Rodríguez (1999) nos presenta la importancia de promover instituciones educativas dirigidas a la participación de la comunidad educativa en el proceso de toma de decisiones con el propósito de lograr las metas u objetivos de la escuela. El enfoque propuesto por la autora para la toma de decisiones participativa fue desarrollado por Lawrence Kohlberg. El concepto de “comunidad justa” se enfoca en la educación moral y su característica principal es el consenso. Este enfoque pretende la construcción de una comunidad moral que involucra a los estudiantes en la toma de decisiones. La comunidad justa tiene el propósito de promover la cohesión de grupo, fomentar las habilidades democráticas y reducir los problemas disciplinarios. En una escuela democrática, los alumnos toman decisiones en torno a dilemas y acciones de la vida real, también, asumen responsabilidades a través del diálogo, el razonamiento y la argumentación. De esta forma, la escuela democrática defiende la necesidad de mantener y transmitir los valores fundamentales, la ética y la moral a todos los miembros de la Comunidad. Para Kohlberg, educar al estudiante en la toma de decisiones requiere de una escuela equilibrada y favorezca el crecimiento cognitivo social y moral de sus alumnos.

La ética, en el discurso de la comunidad justa es concebida en virtud del respeto y del reconocimiento de la existencia de normas y valores establecidos por consenso. García (2003) plantea que este reconocimiento les permite a las instituciones educativas el desarrollo de un clima o atmósfera moral, y en que se garantiza que los componentes de la comunidad no experimenten la discriminación o la violencia. Además, busca que se respeten y se tomen en cuenta las opiniones de todos (García, 2003, citado Lazarte, 2005). En cuanto al rol del docente, este consiste en promover el desarrollo moral de los estudiantes a través de distintos métodos, tales como: el diálogo, clarificaciones y la discusión de dilemas morales, entre otras. El rol del líder educativo es sumamente importante este es facilitador y guía de todos los procesos que se pretendan ejecutar en la institución educativa y promover la integración de todos los componentes de la comunidad educativa.

El proceso de toma de decisiones, es fundamental en el contexto educativo innovador invita a la participación democrática y la contextualización de la comunidad escolar justa. Es fundamental concienciar a la comunidad educativa, pero sobre todo al docente sobre los ambientes colaborativos y participativos. Concurrimos con el planteamiento de la autora en cuanto a crear entornos escolares, participativos, justos, democráticos e inclusivos. Estos aspectos, sin duda alguna, promueven entre los participantes el desarrollo de valores, la ética y la moral, los cuales son muy relevantes en el momento de proponer alternativas y tomar decisiones ponderadas.

Aunque es un asunto altamente cuestionado, son muchos los sectores que afirman que los valores, la ética y la moral es un asunto meramente familiar. En cambio, otros destacan que el rol de los docentes en este asunto es fundamental y supone el cumplimiento de la meta primordial de la educación. El objetivo básico de la educación es el desarrollo de estudiantes con un bienestar integral y capaces de convertirse en buenos ciudadanos.  De hecho, la exposición de motivos de la nueva reforma educativa dispone que: “La escuela puertorriqueña debe ser un instrumento eficaz para la construcción de una sociedad justa y democrática, cultivando la ética, la solidaridad y la conciencia social” (Ley 85, 2018). En este contexto educativo, las cuestiones éticas y morales no es un asunto que concierne solo a la familia. Estos forman parte de la vida cotidiana de las escuelas. La promoción de la participación democrática en la escuela es una herramienta muy valiosa; y de la que todo líder educativo dispone. Es innegable que en todos los entornos educativos surgen situaciones difíciles o se toman decisiones donde se requiere emplear juicios morales o valorativos con el fin de hacer lo correcto, o decir que es bueno o simplemente para determinar cuál es la mejor opción en una situación particular. Por tanto, ofrecerle al estudiante la oportunidad de participar en este proceso puede tener efectos muy favorables para los estudiantes. Entre estos efectos podemos destacar el desarrollo de habilidades sociales y de comunicación, mejorar la autoestima y autoconcepto, desarrollar el pensamiento y el juicio crítico, inspirar y modelar los valores sociales.  

Conclusión

Para concluir es importante destacar que la administración escolar requiere líderes efectivos que puedan influenciar a otros, incluyendo la filosofía moral y ética docente, además de dirigir la institución de la manera más justa posible. Aunque hacer lo correcto parece ser un asunto relativamente fácil, la realidad es que la mayoría de las veces es un asunto muy difícil, convirtiendo la práctica ética en un asunto sumamente complejo, pero que se ha convertido en un rol ineludible de los líderes educativos. Desde nuestra perspectiva, un verdadero líder es aquel sirve de modelo, actúa con ética e integridad, pero sobre todo es aquel que la misión personal y organizacional están alineadas con el objetivo de ofrecer a los estudiantes la posibilidad de desarrollar un sentido de moralidad a través de la participación. Sin dudas este proceso democrático les brinda a los estudiantes un sentido de pertinencia y que ciertamente los ayudará a convertirse en un ciudadano desprendido y capaz de contribuir positivamente a nuestra sociedad.

Bibliografía

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  • Ley 85. (2018). Ley de Reforma Educativa de Puerto Rico. San Juan, Puerto Rico.
  • National Policy Board for Educational Administration. (2015). Professional Standards for Educational Leaders. Reston, VA. Obtenido de http://www.npbea.org.
  • Rodríguez, J. (1996). La toma de decisiones en los contextos escolares colaborativos. Revista Complutense de Educación, 249-259.
  • Soto Toro, J. (2016). Educación para la democracia. Bogotá, Colombia.
27 April 2022
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