Mujer y Nación: Análisis de su Relación en Obras de Literatura Ecuatoriana

 

El siguiente ensayo se basa en dos obras ecuatorianas publicadas en siglo XIX, La Emancipada de Miguel Rofrio y Dolores Veintimilla de Galindo de Juan León Mera. Para el respectivo análisis se tomaron en cuenta dos aspectos: el rol de la mujer ecuatoriana y su relación con la construcción de la patria. Antes de iniciar con el estudio, se explicará brevemente algunos datos biográficos de los autores.

Miguel Riofrio, lojano de nacimiento, escritor, poeta, periodista y seguidor del liberalismo en Ecuador. Según la galería de hombres ilustres de Loja, fundo varios periódicos progresistas en el país, además la crítica literaria lo considera como:

“El primer realista ecuatoriano de tendencia social, ya que sus novelas ‘La Emancipada’ y ‘María’, contiene cuadros de un profundo sentido realístico en el que se reproduce el drama colonial, la vida galante de hermosas dueñas y gentiles hombres y la tragedia de la raza vecina” (Loja para todos).

La Emancipada, obra publicada en el año de 1863, nos presenta a Rosaura, una jovencita que después de la muerte de su madre, es encerrada por su padre, obligándola a casarse con un hombre mayor a ella. El día de su boda la muchacha escapa de su pueblo natal, trasladándose a Zamora, tierra que la vio empezar una nueva vida, pero también morir. Miguel Donoso Pareja, afirma que esta novela representa un valor coyuntural en nuestra literatura, representando un cambio en la narrativa y su contenido. Esto se verifica al comprender que Riofrio no se centra únicamente en el romanticismo, género usado con frecuencia en esos años, sino que apuesta por algunos tintes del realismo.

Hay que tomar en cuenta que esta novela esta contextualizada en el siglo XIX, época en la que el Ecuador se encontraba en un momento crítico, pues el liberalismo y conservadurismo luchaban por el poder de la reciente nación. Aunque parece que Rofrio presenta una obra más, tras ella se encuentran muchas intenciones ocultas, pues Rosaura es una alegoría de la nación, en ella se proyecta el futuro del país, representando al conservadurismo como Don Pedro y al liberalismo como la determinación de la protagonista de salir del pueblo. El problema yace en que cualquier camino que ella escoja la llevará a la destrucción, por lo tanto, se sobreentiende que el país debe buscar otra opción. De cierta manera es una reflexión que hace el autor ante la situación política del estado, usando a una mujer para representarlo, pero no todo se concentra en un futuro próspero del Ecuador, sino también hay un oculto mensaje para las mujeres de aquella época.

Al describir la “penosa” vida de Rosaura fuera de la protección de su esposo, la negación al catolicismo, la “mala” educación dada por su madre, la libertad de tomar decisiones dejando de considerarse como un ser pasivo en la sociedad, y su muerte, es una forma de sugestionar a las féminas, encerrándolas en aquella burbuja de mujer incapaz, mujer que necesita de un hombre para vivir. Al describir una feminidad diferente para la tradicional de aquella época, Rosaura es considerada como un mal ejemplo para otras mujeres, deja de ser digna para su padre, para su esposo y sobre todo para a iglesia: “el hombre ha sido creado para la gloria de Dios y la mujer para gloria y comodidad del hombre (…) el crimen de Rosaura debía ser severamente castigado, para vindicta de la sociedad y ejemplo vivo de todas las hijas” (Riofrío, pp. 57). El supuesto crimen de la recién casada es considerado como un pecado, pues debido a sus actos irresponsables y herejes, no sería capaz de criar a su descendencia, llevaría a los hijos de la patria por mal camino, cosa que no le conviene a los conservadores.

Otro punto a tomar en cuenta es como la mujer continua con aquella misión, impuesta, de la procreación. El estereotipo de la dama hogareña, temerosa de dios, obediente a su padre y esposo, sigue vigente en este relato, aunque la protagonista rompe este camino no es del todo libre, pues las críticas de la sociedad representadas en Eduardo, la persiguen, incluso su muerte podría considerarse como un castigo “divino” por escapar de sus tareas. Por lo tanto, las mujeres que leían esta novela pudieron caer en este supuesto camino de rectitud al conocer el destino de Rosaura, incrustando en ellas el temor de la libertad, privándoles de una perspectiva diferente, más allá del hogar y la iglesia.

Por otro lado, tenemos a Juan León Mera, reconocido escrito ecuatoriano, creador de múltiples obras que se continúan estudiando y leyendo en la actualidad. Se le otorga la incrustación de la crítica literaria en el país. “Fundó la Academia ecuatoriana y fomentó la conciencia literaria criollista” (Biografía y Vidas). Pasando a la historia como un ilustre hombre de la patria.

Entre las diversas obras que publico el ambateño, nos encontramos con un texto dedicado a la poeta ecuatoriana Dolores Veintimilla de Galindo, aunque el subtítulo alude a que el texto desbordará algún tipo de debate sobre la paupérrima educación que recibe la mujer, el contenido es completamente distinto, pues se usa el nombre de la difunta para criticarla, notando que se trata más de una discriminación que una aceptación. Aunque intenta reconocerla como una escritora, sus argumentos demuestran lo contrario, pues lo único que resalta es la falta de educación y su limitación de lecturas:

“Con ocasión de esta poesía se ha dicho que la señora Veintimilla fue la émula de Safo. Creemos que hay exageración en tal concepto, pues, aunque sean parecidas en la vehemencia de la pasión, la amante del infiel Faón sabía el arte de hacer resaltar todo el fuego del alma en sus versos, y nuestra poetisa apenas la hace traslucir en los suyos” 

Es notorio como los elogios a Dolores se convierten en una crítica, de todo menos literaria, perdiendo la objetividad y sobreponiendo la moral.

León Mera disfraza su discurso de una mejor educación para la mujer, no como un derecho, ni pensando en ella al mismo nivel del hombre, sino como un deber, una obligación, pues de ella depende el futuro de los hijos de la patria. Al igual que en La Emancipada está presente el estereotipo de una señora dedicada al hogar, al cuidado de los hijos, de su esposo, y temerosa de dios. Usando la memoria de la poeta para controlar a la sociedad femenina bajo sus pensamientos machistas y el supuesto progreso nacional: “Por eso hemos dicho mil veces y lo repetiremos otras mil, qué más quisiéramos ver una víbora en el seno de una joven, que no en sus manos un libro corrupto”. En otras palabras, se usa lo poco que se sabia de la vida de Dolores, para embotellar a las mujeres en la pasividad de siempre.

Regresando a la poeta, Juan León Mera no solo se concentra en su vida, sino también en su muerte al victimizarla, pues se deja de lado al suicidio como una decisión, se lo toma como el resultado de una persecución incansable de un religioso, describiendo a Dolores como una mujer llena de sufrimientos, abandonada por su esposo, solitaria, y que necesita de la protección y compañía de un hombre. La muestran como alguien no resiliente, incapaz de controlar su vida. Para resumir, no sé les da el merecido valor a sus obras, únicamente se encarga de juzgarla y afirmar que las mujeres tienen que ser educadas, pero no al nivel de los hombres, y sobre todo su lugar siempre será la casa:

“Como se ve, no negamos la necesidad de que las mujeres aprendan aquellas cosas propias de su sexo y buenas para su condición; sin ellas su educación sería viciosa por otro respecto. No hay pues que pensar en darles una enseñanza del todo varonil”.

La relación de las féminas con la nación, es únicamente la de ser criadas para que sean amas de casa, complazcan a su esposo, y traigan hijos a la vida para seguir con ese circulo vicioso del hombre manda y la mujer agacha la cabeza.

En estos textos, ya se visibiliza un avance en cuanto a la pasividad de la mujer, ya no es la misma ama casa, romántica y dedicada, pero aún se la mantiene rezagada bajo la sombra de su padre y esposo. Las obras dan a entender que la mujer necesita ser dominada, educada al gusto del hombre, para formar parte de la sociedad necesita casarse, requiere del reconocimiento masculino para sentirse realizada. Aunque también se puede notar como la jerarquización social manda, pues ambas féminas pertenecen a familias adineradas, dejando de lado a aquellas pertenecientes a los estratos más bajos. ¿Se abría hablado o al menos considerado escribir sobre ellas si su origen fuera distinto? Y aunque así fuera ¿tendrían el mismo final? O ¿sus historias se habrían publicado? Son preguntas cuyas respuestas dan apertura a múltiples debates. 

13 Jun 2021
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