La Diferencia Entre La Autoestima Y El Autoconcepto

Introducción

La autoestima es uno de los conceptos más antiguos en psicología, clasificándola entre las tres principales covariables en personalidad y psicología. A partir de 2003, fue objeto de más de 18,000 estudios, publicados en la red, y para 2019, ese número había aumentado a más de 25,000 publicaciones (según la base de datos EBSCO). La autoestima, como vivencia psíquica, ha acompañado al ser humano desde sus comienzos. Sin embargo, el constructo psicológico acaba de cumplir poco más de un siglo. “Fue William James, quien a finales del siglo XIX en su obra Los Principios de la Psicología, estudiaba el desdoblamiento de nuestro “Yo-global” en un “Yo-conocedor” y un “Yo-conocido”. Según James, de este desdoblamiento, del cual todos somos conscientes en mayor o menor grado, nace la autoestima…” (Triglia, 2019).

La calidad de vida es un concepto valorativo que se debe abordar desde un paradigma multidisciplinar, y está asociado con la percepción de bienestar del individuo en su integridad física, psíquica y social (Amador y Esteban, 2015). La autoestima y el autoconcepto pueden considerarse índices cognitivos, evaluativos y afectivos que el individuo hace de sí mismo (Goñi y Fernández, 2008). La autoestima, como valoración de uno mismo, supone un proceso de análisis e introspección sobre los propios sentimientos, sobre las características que definen a la persona, y sobre las capacidades y logros; es decir, se entiende como el conjunto de percepciones y evaluaciones que, si bien son dirigidas hacia uno mismo, contienen el punto de vista de los demás, lo cual influye en el modo de ser, de actuar en el mundo y de relacionarse con los demás (Enrique y Muñoz, 2014).

La importancia del autoconcepto reside en su relevante aportación a la formación de la personalidad, pues tiene que ver con la competencia social, ya que influye sobre la persona en cómo se siente, cómo piensa, cómo aprende, cómo se valora, cómo se relaciona con los demás y, en definitiva, cómo se comporta (Clemes y Bean, 1996; Clark, Clemes y Bean, 2000). A medida que pasan los años se va formando un autoconcepto cada vez más estable y con mayor capacidad para dirigir nuestra conducta. Cabe entonces destacar que la autoestima no es fija. Es maleable y medible, lo que significa que podemos estimarla y mejorarla. El presente documento valida tal afirmación, al evaluar críticamente cuatro estudios recientes que ponderan medidas del autoconcepto en distintos grupos etarios de la población. Los objetivos de nuestro estudio, con carácter general, son los siguientes: (1) Ofrecer una visión sintética a la vez que precisa de la autoestima o autoconcepto; (2) Reflexionar sobre la necesidad de entender que el autoconcepto es un constructo jerárquico y multidimensional.

Desarrollo

La Autoestima es la percepción evaluativa de nosotros mismos. El desarrollo de la autoestima durante la infancia y la adolescencia depende de una amplia variedad de factores intraindividuales y sociales. Fundamentándose en el hecho de que la imagen corporal es un constructo complejo, que incluye percepciones del cuerpo (componente perceptivo), actitudes, sentimientos y pensamientos (componente cognitivo-afectivo), así como las conductas derivadas de éstas (componente conductual) (Baile, 2003; Thompson, Heinberg et al., 1999), un grupo de investigadores de la Universidad de la Mancha en España se propuso medir a través de la investigación Relación entre imagen corporal y autoconcepto físico en mujeres adolescentes las diferencias entre los diferentes subdominios del autoconcepto físico, basado en la insatisfacción corporal y el índice de masa corporal (IMC). Una muestra de 447 adolescentes españolas, de 12 a 17 años, participaron en este estudio y se les administró el Cuestionario de autoconcepto físico (CAF), el Cuestionario de forma corporal (BSQ) y la Escala de Gardner para la evaluación de la imagen corporal. Confirmando tanto la hipótesis, como los antecedentes teóricos, los resultados indican que una mayor insatisfacción corporal y un IMC más alto se asociaron con peores percepciones físicas, especialmente en relación con la apariencia y un autoconcepto más devaluado. En conclusión, se destaca la importancia de una imagen corporal saludable, ya que configura el concepto propio y general en las mujeres adolescentes. Es precisamente la adolescencia uno de los periodos más críticos, ya que en estas edades se hallan los mayores índices de preocupación por el cuerpo (Hermes & Keel, 2003), especialmente en las mujeres. Los resultados obtenidos alertan acerca de la necesidad de llevar a cabo acciones en el entorno escolar, especialmente preventivas. Entre las limitaciones encontradas en el experimento social, destaca el bajo número de participantes en algunos grupos de estudio, ante la necesidad de clasificar la muestra en distintas categorías dentro de cada variable independiente. Por ello, se recomienda aumentar la muestra, especialmente en las categorías menos numerosas. Sin olvidar que el desarrollo humano no termina en la adolescencia.

Todos somos envejecientes. Es un hecho del que no podemos escapar. Desde el momento mismo de la concepción comenzamos a envejecer de manera progresiva. El crecimiento de la población de la tercera edad y de la esperanza de vida a nivel mundial, han cambiado las actitudes hacia las personas mayores. Mientras tanto, estudios de campo, como el que reseñamos, pueden ayudar a mejorar la salud mental de una creciente población anciana. Miembros de la Facultad de Psicología de las universidades de Almería y Barcelona se dieron a la tarea de confirmar empíricamente el corolario que establece que la actividad física realizada de forma regular previene el desarrollo paulatino de las limitaciones físicas y funcionales en las personas mayores (Gómez, 2012). Su estudio Percepción de salud, autoestima y autoconcepto físico en persones mayores en función de su actividad física pretende analizar la relación existente entre la Autoestima y las dimensiones que definen el Autoconcepto Físico, y la percepción de la salud en personas mayores, en relación con el nivel de práctica de actividad física que realizan. Para ello, 130 participantes de entre 63 y 75 años fueron clasificados en dos grupos, personas físicamente activas y personas físicamente inactivas, en función del nivel de actividad física que realizan; a todos se les aplicó la Self-Esteem Scale de Rosenberg, el Physical Self-Perception Profile de Fox y Corbin y el Cuestionario de Salud SF-36 de Ware y Sherbourne. Los resultados ponen de manifiesto la relación positiva que se establece entre ser una persona físicamente activa y los mejores niveles en autoestima, condición física y competencia percibida. Además, se determina que el rol físico y emocional que desempeñan las personas en las rutinas diarias, son proporcionalmente directas a la competencia percibida y la apariencia física. Se ha demostrado que incluso el cerebro en envejecimiento puede ser receptivo a la plasticidad neuronal y cognitiva cuando se realiza entrenamiento físico adecuado (Rahe et al., 2015). Cuando los individuos se mantienen físicamente activos, presentan mejores niveles de aceptación y valoración de sí mismos, en relación con aquellos individuos que están físicamente inactivos o sedentarios. Los resultados corroboran los planteamientos teóricos sobre el proceso del envejecimiento activo que postulan la necesidad de realizar actividad física para mantener un estado de salud adecuado, y con ello, una calidad de vida positiva. Nunca es tarde para comenzar a tener hábitos de vida saludables.

El afrontamiento del diagnóstico de cáncer de mama y el uso de diferentes estrategias es clave para superar esta situación estresante. Diversas variables psicológicas están relacionadas con la manera de afrontar la enfermedad, destacando entre ellas la autoestima. Martínez Brito y otros en el año 2014 realizaron un estudio sobre Autoestima y estilos de afrontamiento en mujeres con cáncer de mama, con el objetivo de determinar los niveles de la autoestima y los estilos de afrontamiento presentes en mujeres con cáncer de mama del Consejo Popular Jaruco, desarrollándose un estudio descriptivo, de corte transversal, en el período comprendido desde septiembre de 2013 hasta marzo de 2014. Se seleccionó una muestra de 30 mujeres que padecen cáncer de mama, se aplicó el Inventario de Autoestima de Coopersmith y la Escala de Modos de Afrontamiento de Lazarus y Folkman. Las variables utilizadas fueron: autoestima y estilos de afrontamiento. Los resultados reflejan que la mayor parte de la muestra presentó edad superior a 70 años, prevalece un tiempo de evolución de la enfermedad mayor de 5 años, con tratamientos mixtos, donde la autoestima se comporta entre niveles bajos y medios cuyo estilo de afrontamiento tiende al desgaste emocional. Llegando a las conclusiones de que la autoestima en las mujeres con cáncer de mama se encuentra afectada y el estilo de afrontamiento que predomina es el centrado en la emoción donde los niveles de autoestima y los estilos de afrontamiento presentan una relación significativa. “Desde el punto de vista físico, la mama representa para la mujer un órgano de atracción e identificación sexual. La más mínima sospecha de mutilación trae consigo infinitas alteraciones psicológicas…” (González Aranda, 2018).

En la actualidad, los medios de comunicación, en especial la televisión, el cine y la publicidad transmiten determinados estereotipos y cánones de belleza que provocan en el niño la consolidación de ideas preconcebidas respecto a su apariencia física, llevándolos a preocuparse en exceso por su imagen corporal ya que, según Sepúlveda, A. R. et al. (2001), El hecho de resultar atractivo a los ojos del resto de niños promueve una aceptación en determinados grupos sociales, y por el contrario, el no encontrarse dentro de los “cánones de belleza estéticos”, puede conllevar a la exclusión o la no aceptación en determinados conjuntos. La preadolescencia es una etapa del ser humano que se experimenta entre los 9 y los 13 años de vida, y es la etapa en la que el niño comienza a prepararse para entrar a la adolescencia. Es un periodo que tiene más que ver con lo social que con lo físico (Morgan, Saunders y Lubans, 2012). En consecuencia, un grupo de científicos sociales de la Universidad de Granada en España condujo el estudio Desarrollo de la Imagen corporal, la autoestima y el autoconcepto físico al finalizar la Educación Primaria proponiéndose analizar la relación entre la satisfacción con la imagen corporal, la autoestima y el autoconcepto físico del alumnado preadolescente de la zona educativa Motril-Costa de la provincia de Granada, expresada por el alumnado y percibida por el profesorado, con el fin de mejorar la calidad educativa. Los participantes fueron 310 alumnos, de 5º y 6º de Educación Primaria, y 22 profesores en activo, de la zona educativa Motril-Costa (España). Como técnicas cuantitativas, se utilizaron: el Cuestionario de Siluetas Corporales, Cuestionario de Autoconcepto Físico y la Escala de Autoestima de Rosenberg. Como técnica cualitativa, se utilizó la entrevista semiestructurada. Los resultados muestran que difiere la imagen que tienen y que les gustaría tener. También se aprecia que los chicos tienen un mayor nivel de autoestima. Son las chicas las que se consideran menos hábiles para realizar actividad física y disfrutan en menor medida de estas actividades. Los resultados del estudio muestran que tanto la imagen corporal, como la autoestima, son dos constructos multidimensionales que tienen implicación directa sobre el individuo y su entorno sociocultural (Rees, et al., 2013). El autoconcepto se va desarrollando en la medida en la que el niño se valora, estima y se considera capaz y competente. En conclusión, existen evidencias científicas que certifican que niveles elevados de satisfacción corporal favorecen el desarrollo de una autoestima positiva. La imagen corporal como concepto dinámico en la preadolescencia, necesita de un programa de educación física concretado. Cabe señalar que la práctica deportiva extraescolar como hábito saludable, practicada desde la infancia, protege al alumno de problemas en la configuración de un adecuado autoconcepto.

Conclusión

La autoestima es uno de los conceptos psicológicos más complejos y uno de los más difíciles de precisar, a pesar de ser un factor que siempre ha estado presente en cualquier intento de explicación del comportamiento humano normal y patológico. El objetivo no es finalizar este trabajo con una serie de conclusiones cerradas, sino reflexionar sobre lo aprendido. A pesar de la creencia popular de que la autoestima desempeña un papel causal en una amplia gama de comportamientos sociales positivos y negativos, la investigación muestra que en realidad predice muy poco más allá del estado de ánimo y algunos tipos de iniciativa. los resultados en torno al autoconcepto social y físico no son tan consistentes. Los cuatro artículos citados demuestran sin lugar a dudas que la literatura científica proporciona resultados contradictorios cuando las medidas son multidimensionales.

Si bien aún queda mucho por aprender sobre la autoestima, al menos hemos comenzado a entender qué es la autoestima y cómo se diferencia de otras construcciones similares. La autoestima no es autoconcepto, aunque la autoestima puede ser parte de él. El autoconcepto es la percepción que tenemos de nosotros mismos, nuestra respuesta cuando nos hacemos la pregunta ‘¿Quién soy?’ Es saber acerca de las propias tendencias, pensamientos, preferencias, hábitos, pasatiempos, habilidades y áreas de debilidad. En pocas palabras, la conciencia de quiénes somos es nuestro concepto de nosotros mismos.

Así que, en base a investigaciones multifuncionales, como las descritas por nuestra reseña, hemos aprendido que hay muchas formas en que la terapia y el asesoramiento pueden ayudar a los clientes a mejorar su autoestima. Si se realiza correctamente, la terapia puede ser un método excelente para mejorar la autoestima del paciente. Según la literatura consultada, centrarse en la resolución de problemas es más favorable que hacerlo en las emociones y se asocia a menor malestar psicológico. Por último, debemos señalar que la autoestima se adquiere a lo largo de la vida del sujeto, en contacto con los otros, y que, por tanto, es algo que se puede cambiar y va a cambiar a lo largo de nuestra vida. No rendirse es el primer paso para alcanzarla.

Referencias 

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  2. Amador Muñoz, L. V. y Esteban Ibáñez, E. (2015). Calidad de vida y formación en hábitos saludables en la alimentación de personas mayores. Revista de Humanidades, n. 25, p. 145-168, ISSN 1130-5029. Recuperado de [Consulta: 7 noviembre 2019].
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  8. Hermes, F.H., & Keel, P.K. (2003). The influence of puberty and ethnicity on awareness and internalization of the thin ideal. International Journal of Eating Disorders, 33, 465-467. doi: 10.1002/eat.10169.
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  10. Rahe, J., Becker, J., Fink, G. R., Kessler, J., Kukolja, J., Rahn, A., … Kalbe, E. (2015). Cognitive training with and without additional physical activity in healthy older adults: cognitive effects, neurobiological mechanisms, and prediction of training success. Frontiers in aging neuroscience, 7, 187. doi:10.3389/fnagi.2015.00187
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22 October 2021
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