La Interminable Busqueda Del Hombre: La Existencia De Dios

 Introducción.

 Si usted viera un arcoíris por primera vez y nunca hubiese escuchado de la refracción de la luz, ¿qué explicación le daría? ¿Es más fácil conjeturar el efecto prisma de una gota de agua o darle algún atributo místico? Usted podría suponer mil y una explicaciones maravillosas, y todas serian validas si el arcoíris fuera un evento inexplicable. Sin embargo, el hecho es que la luz visible se descompone en sus diferentes colores cuando pasa a través de una gota de agua en el cielo, y cuando el efecto es replicado por múltiples gotas de agua a la vez, se genera un arcoíris.  

El imponente relámpago, para cualquiera que lo viera por primera vez, podría ser la iracunda arremetida de la tierra contra un árbol que la hizo enojar, y permanecería siendo una acción divina para aquel que lo divisó si nunca se enterara que el relámpago es una carga eléctrica producida desde la tierra a las nubes. Es posible que, si Newton nunca hubiera explicado la gravedad, aun tendríamos la visión aristotélica de que las cosas que caen lo hacen porque esa es su naturaleza y así lo designó el primer motor; Dios quiso que cayeran las piedras, Dios envió el relámpago y Dios proyectó el arcoíris. De este modo se explicaron fenómenos que siempre fueron inexplicables, por lo que el carácter divino estaba en todas partes. 

Desarrollo.

Sin embargo, la tendencia de la historia reciente ha sido explicar el porqué de las cosas, y al comprenderse totalmente el cómo de cualquier algo, el Dios que viene consigo es removido por la ciencia y la lógica; aquel carácter místico que el arcoíris, el relámpago o el caer puedan tener se pierde apenas estos logran comprenderse, pues lo único divino es aquello inexplicable.  

Por su parte, la moda moderna ha llevado a muchos a buscar una explicación, una comprensión completa de Dios, de aquel origen de todo misticismo y divinidad. No obstante, la tendencia nos muestra que el entendimiento resulta en la secularización, así que ¿qué es lo que esperan comprender? Si se lograra explicar aquello que se conoce por Dios, ¿no dejaría de ser Dios para convertirse en una simple ley de la ciencia? Si se parte de que un Dios existe, ¿Cómo esperar comprenderlo? Si se encontrara una prueba definitiva y contundente de Dios, este dejaría de existir y se convertiría en una simple ley de la naturaleza. Una confirmación de lo divino es imposible: si Dios realmente existe, es perfectamente incomprobable. 

La idea anteriormente propuesta podrá parecer ambigua y poco argumentable para varios lectores, ya que podría decirse que aquello que cada quien considere por Dios o prueba de Dios es completamente individual. Si se consulta el significado de “dios” para la Real Academia Española se obtienen dos resultados:

1. m. Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.

2. m. y f. Deidad a que dan o han dado culto las diversas religiones politeístas.

Sin embargo, estas definiciones no contienen aquello que un dios significa, no manifiestan su esencia, y no consideran la amplia variedad que abarca el concepto. En este caso, la mejor manera de iniciar una discusión sobre si probar o no a Dios es posible es concretar una definición con la cual la mayoría de pensadores y lectores presentes puedan estar de acuerdo. ¿Qué es Dios? No es una pregunta particularmente sencilla. Aquello a lo que Dios se refiere ha sido variado y diverso a través de la historia y de las diferentes culturas. Dios puede ser Jehovah o Allah, pero también es Vishnu, Brahma, Krishna, El emperador de Jade, Osiris, Ra, Amun, Zeus, Hades, Quetzalcóatl o Amaterasu. 

Dios puede ser absoluto y todo poderoso como Allah; puede ser el líder de otros dioses imperfectos y casi humanos como Zeus; la diosa sol como Amaterasu; un dios dual que representa tanto las limitaciones corpóreas como la espiritualidad, así como Quetzalcoatl; un concepto metafísico como Vishnu, el cual tiene diversas imágenes en la forma de otros dioses como Krishna, etc. Si bien dios no es un concepto concreto o sencillo, y abarca muchas interpretaciones, es posible identificar ciertas características comunes en todas las diversas formas referentes al término, de este modo, se puede concretar un significado de lo que se toma por dios que sea manejable en este contexto.

Lo más sencillo es iniciar por lo evidente: un dios no es humano, animal, vegetal o mineral. Un dios está más allá de un organismo u objeto natural único, y se toma usualmente por un ente superior desconocido. Aunque en múltiples casos se ilustre a un dios con apariencia humana, ningún seguidor de ninguna religión le dirá que su dios no es más que un simple hombre mortal, en otras palabras, su apariencia no cambia su esencia: un dios es un ser superior a cualquier ser conocido. 

Aunque esto pueda parecerle más que obvio al lector, como primera característica concreta es fundamental. Podemos continuar diciendo que un dios ha de tener poder sobre algo, sea este algo natural o sobrenatural. Ra es el dios sol, Thor es dios del trueno y la tormenta, Chía es diosa de la luna, Yaveh es dios de todo, y podría decirse que Vishnu lo es todo. Un dios debe tener poder y voluntad en cierta medida sobre algún aspecto del mundo, por lo que esta será la segunda característica. A partir de este punto las cosas se vuelven un tanto más complejas. 

Las demás características de un dios son múltiples y diversas. Hay dioses sencillamente perfectos e inmaculados, mientras que hay otros extremadamente poderosos pero imperfectos. Existen dioses con deseos personales, aspiraciones, sentimientos y sueños, mientras que hay otros sin voluntad, que sencillamente están más allá de las emociones humanas banales. Hay dioses que lo son todo y hay otros que pertenecen a un todo. 

Sin embargo, sea cual sea el dios al que se esté refiriendo hay una cosa más que tiene en común a los otros; un dios no es sencillamente un alienígena avanzado con tecnología para controlar los sismos terrestres, o un masivo monstruo cósmico con la capacidad de crear un mundo; aunque estos dos ejemplos pueden incluir las dos características anteriores les falta un aspecto fundamental: un dios es trascendental y místico. Aquello que es dios va más allá de los límites naturales, y, en la mayoría de los casos, tiene una fuerte conexión con el aspecto espiritual del ser. 

Si esto quisiera contradecirse se podría argumentarse que, en ciertas interpretaciones, Dios no es un ser especifico o poderoso, sino que es la naturaleza en sí. No obstante, cuando Dios se interpreta en esa clase de formas se puede decir que este Dios es un ente más allá de lo cotidiano – ya que la naturaleza es un abstracto que no se reduce a ciertas ocurrencias o seres cotidianos – que tiene poder sobre el mundo – debido a que todo lo que ocurre o existe se da por lo dictaminado por el mundo natural que se controla a sí mismo y todo lo que contiene – y que es trascendental y místico – lo deiforme del mundo natural no sería lo experimentado usualmente, sino aquello que precisamente se encuentra en el trasfondo de todo lo que existe, aquello más profundo que lo que el ser humano es capaz de percibir en su propia naturaleza y entorno–.

Sin embargo, los filósofos que se plantearon como problema la existencia de Dios no se detuvieron mucho en si Dios era comprobable o no, sino que se saltaron ese paso y continuaron con como probar su existencia. Muchos de sus argumentos pueden clasificarse en dos categorías: el Argumento Cosmológico, con grandes nombres respaldándolo como Aristóteles o Leibniz, y el Argumento Teleológico, con partidarios como Sócrates y Platón.

El Argumento Cosmológico básicamente es aquel que toma a Dios como causa primera necesaria para iniciar todos los procesos dentro del cosmos. Argumenta que como todo suceso tiene alguna causa, es necesario que haya existido algún motor inicial que haya puesto en marcha el resto de sucesos universales. De este modo se concluye que es necesaria una causa primera, Dios, para explicar el mundo y todo lo que ocurre en él. Abajo, en su “Evolución Histórica del Argumento Cosmológico de la Existencia de Dios”, nos muestra la postura y argumentos de Aristóteles en “Metafísica”. Aristóteles intentó buscar explicaciones alejándose de lo místico y trascendental, por lo que abandonó la teoría de las ideas de su maestro Platón, que él pensaba, había interpretado las cosas al revés. 

En busca de su definición de las sustancias, Aristóteles se remite al movimiento, que él considera es el dato fundamental de la experiencia sensible, y para él, preguntarse por el movimiento es preguntarse por sus causas. Para Aristóteles la materia (composición de las cosas) y la forma (características de las cosas) podían ser causas motoras, pero no eran suficientes, ya que todo se mueve por otro objeto que actúa sobre él. Aristóteles considera evidente que la causa primera debió existir, y fue la creadora de todo lo que existe. 

Es entonces cuando encuentra su divinidad, su metafísica, su Dios, y de este modo admite lo suprasensible. Aristóteles concluye que Dios es inteligencia, vida perfecta y eterna, por medio de un argumento cosmológico, y podría decirse que esa es la prueba que necesitó de su divinidad. De forma similar, el alemán Gottfried Leibniz utilizó la causa como herramienta para confirmar su fe. Priego nos sintetiza el argumento leibniziano en “Las formulaciones del argumento ontológico de Leibniz”, y es fácil ver los paralelismos que este tiene con la filosofía aristotélica. Leibniz inicia por decir que nada existe sin razón, y prosigue afirmando que el movimiento no puede generarse sin creación continua. 

Él afirma que dentro de los cuerpos no hay origen de movimiento, y va un paso más allá afirmando que tampoco hay ningún origen de consistencia, por lo que es evidente que la causa, nuevamente Dios, es real. Adicionalmente, Leibniz sostiene que es cosa de certeza moral que la belleza del mundo procede de una mente creadora, pero este argumento es más de carácter teleológico, el cual se discutirá en breve. El caso es que Leibniz no divagó mucho alrededor de la cuestión de la existencia de lo divino, para él es más que claro que debe existir, y su prueba es incuestionable.

Conclusiones.

De modo que podría concluirse que, por definición, un dios es un ser superior con poderes sobre el mundo, que se encuentra más allá de lo natural; todas las definiciones de un dios son variaciones de este concepto. Partiendo de este punto se puede iniciar el análisis de la cuestión principal de esta discusión, que el lector recordara, trata de la posibilidad de probar o explicar a Dios.

El dilema de la explicación de Dios no es para nada uno nueva u original. Grandes pensadores de diferentes índoles se han propuesto atacar y vencer a la gran bestia que es la comprensión divinal, y las estrategias de caza han abordado diversos aspectos diferentes. La fuerza pionera fue la filosofía, y sus soldados proporcionaron aportes valiosos para desvelar el gran misterio. 

Bibliografía:

  • ASALE, R. (2019). «Diccionario de la lengua española» – Edición del Tricentenario. Retrieved 7 October 2019.
  • Abajp, R. (2017). EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL ARGUMENTO COSMOLÓGICO DE LA EXISTENCIA DE DIOS (1st ed., pp. 15-33). Madrid: UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE COMILLA.
  • Martínez Priego, C. (2000). Las formulaciones del argumento ontológico de Leibniz (1st ed., p. 12). Pamplona: Ed. Univ.
16 Jun 2021
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