Antígona de Sófocoles: Autodestrucción por Ir Contra los Dioses

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La obra trágica Antígona fue escrita por el dramaturgo Sófocles, en el año 442 antes de Cristo. Sófocles fue uno de los grandes poetas trágicos de la antigua Grecia junto a Eurípides y Esquilo durante el siglo de Pericles. Se le denomina así al periodo de la historia de Atenas dentro del siglo V a. C. en el que alcanzaron su crecimiento diversas manifestaciones culturales.

Estos tres autores se especializaron en la tragedia griega, la cual es un genero literario que se enfoca en las cuestionas pertenecientes con la tradición, la moral y la cultura. La tragedia tiende a modificar el ánimo del espectador, provocando en él emociones de temor y de piedad. Es decir que el espectador siente compasión por la situación trágica que vive el personaje y teme que a él pueda sucederle lo mismo. Y tiene como finalidad producir la purificación de estas mismas pasiones de temor y de piedad que ella provoca. Así elimina, en el hombre, toda inclinación inmoral por medio del ejemplo que propone.

Toda tragedia griega tiene características claves para poder identificarlo, tales como anagnórisis, peripecia, hybris y hamartia. La anagnórisis es el acto de reconocimiento de los errores cometidos, además de asumir la responsabilidad que le corresponde. La peripecia es el cambio de suerte, destino, de la fortuna del héroe trágico. Y la razón por la cual los actos del héroe son invertidos en su perjuicio es que estos han sido realizados contra el destino. La hamartia es el error fatal o fallo que incurre el ‘héroe trágico’ que intenta ‘hacer lo correcto’ en una situación en que lo correcto simplemente no puede hacerse. Este pone en marcha un proceso que lo conduce hacia su perdición, que puede ser un castigo violento, destierro o muerte. El acto deshonesto es la soberbia o exceso (hybris) que lleva al hombre a cometer actos no permitidos por el destino, en la creencia de que puede realizarlos sin recibir el castigo de la justicia. En efecto, todo hombre, al nacer, recibe su porción de destino (moira) de acuerdo con la cual debe vivir. Si hay algún intento de hacer algo que no esté en su moira, esto quiere decir que está intentando cambiar el destino. Pero, como el hombre ignora su suerte, no puede prever el pecado hasta que lo efectúa de una manera irremediable. El pecado es, por consiguiente, fruto de la inmoderación del hombre. A veces, el hombre es advertido de que puede pecar, pero arrastrado por su soberbia más allá de lo licito, omite la advertencia de los dioses.

El enfoque de este ensayo se verá en como la hybris y hamatria del personaje Creonte lo llevará hacia su desdicha, a pesar de que con anterioridad a lo largo de la obra allá sido advertido de la equivocación de sus actos por tres personajes diferentes, pero este no les presta atención a las advertencias. Creonte es el rey de Tebas, padre de Hemón y tío de Antígona, Ismere, Polinices y Eteocles, que llevado por su propia soberbia comete el error de intentar imponer su ley por sobre la ley de los dioses.

En primera instancia es la propia Antígona, quién llevada ante Creonte por sus soldados, le advierte del peligro de ir en contra de la voluntad de los dioses y le suplica que le permita sepultar a su hermano. Firme en su postura, Creonte no escucha el pedido de Antígona. En las siguientes líneas se ve reflejada la esencia del diálogo entre Creonte y Antígona:

“CREONTE:  ¿Y has osado, a pesar de ello, desobedecer mis ordenes? ­

ANTIGONA: Sí, porque no es Zeus quien ha promulgado para mi esta prohibición, ni tampoco Diké, compañera de los dioses subterráneos, la que ha promulgado semejantes leyes a los hombres; y no he creído que tus decretos, como mortal que eres, puedan tener primacía sobre las leyes no escritas, inmutables de los dioses…” 

A partir de este diálogo, se puede presenciar la hybris del tirano ya que se nota con claridad que, para Creonte, sus leyes se hallan sobre las leyes divinas, mientras que Antígona dice llevarse por las leyes marcadas por los dioses, y no cree que ningún mortal pueda tener tanto poder como para anteponerse ante ellos. 

En segunda instancia, es su propio hijo, Hemón quién le advierte a su padre sobre la disconformidad popular acerca de su actitud dictatorial, criticándole que abusa de las atribuciones que le corresponde como gobernante y le indica que está causando mal en cuanto a las decisiones tomadas contra Antígona, la cual luego le pide que la libere para así no enfadar a los dioses, y especialmente al pueblo de Tebas.  En la discusión que tienen, ambos defienden sus puntos de vista sobre la situación. El siguiente extracto refleja fielmente la situación:

“CREONTE. ¿Y tu consejo es que honoremos a los promotores de desórdenes? 

HEMÓN: Nunca te aconsejaré rendir homenaje a los que conducen mal.

CREONTE.: Pues esta mujer, ¿no ha sido sorprendida cometiendo una mala acción?

HEMÓN: No; al menos, así lo dice el pueblo de Tebas.

CREONTE. ¿Es que incumbe a otro más que a mí gobernar a este país?

HEMÓN:  No hay cuidad que pertenezca a un solo hombre.” 

Sin embargo, Creonte decide seguir con su postura y no escuchar las recomendaciones de su hijo. A partir de aquí, ya se puede percibir que hay una falta cometida por Creonte que puede llegar a ser determinante, que está relacionada con el abuso de poder.

En última instancia, es el anciano sabio Tiresias quién se acerca a Creonte para darle su opinión acerca de su decisión de condenar a muerte a Antígona. Tiresias tenía el don de poder ver el futuro. Y le comunica que los sacrificios de los ciudadanos a los dioses no se efectúan como se debe y que estos ya no aceptan las súplicas de la ciudad. El sabio adivino le echa la culpa a él por haber errado en sus decisiones y le aconseja recapacitar sobre sus actos. Al escuchar esto, Creonte se enfada con el anciano y no pretende aceptar el sabio consejo que le da, además lo acusa al decir que, como todos los adivinos, está motivado por el lucro. Tiresias, enojado, le dice a Creonte que, al no haber sepultado a su sobrino y al haber matado a Antígona, por esto ha producido la ira de los dioses y le predice dolor y sufrimiento en su familia. La hybris de Creonte se halla en su máxima expresión en el siguiente diálogo:

“TIRESIAS. …Nuestros altares y nuestros hogares sagrados están todos repletos con los pedazos que las aves de presa y los perros han arrancado al cadáver del desgraciado hijo de Edipo. Por eso, los dioses no acogen ya la plegaria de nuestros sacrificios ni las llamas que ascienden de los muslos de las victimas… La terquedad es madre de la tontería. Cede, pues ante un muerto y no aguijonees ya al que ha dejado de existir.

CREONTE:  Anciano, venís todos como arqueros contra el blanco y disparáis vuestras flechas contra mí… pero jamás pondréis a Polinices en la tumba. No, aunque las águilas de Zeus quisieran, para saciarse… Sé muy bien, además, que ningún hombre tiene el poder de contaminar.” 

Tiresias intenta humanizar a Creonte, humanizar en el sentido de hacer que deje su obstinación de lado y hacerle ver que todos cometen errores, que a aquel que pone fin a esos errores se le considera un hombre sensato. Finalmente, cuando Creonte se da cuenta del error que ha cometido ya es demasiado tarde para arrepentirse. Los dioses lo castigan con la muerte de su esposa y su hijo.

Hay un rasgo que no se debe dejar de lado y es la diferenciación de los errores de Antígona con los de Creonte. Lo que le sucede a Antígona no es un error de sensatez (como la hamartía de Creonte), ella está dominada por la áte (ceguera del alma). El Coro señala que es ella la que ha ido a buscar su áte y que es ella quien viola los límites de la misma. La áte es representada como personificación del error y un estado de locura guiado por la divinidad. Antígona actúa de forma impulsiva y bajo sus propios medios. No le interesa morir por llevar a cabo lo que para ella significa una buena causa, que es enterrar a su hermano, no le interesa desobedecer y enfrentarse a su tío y por ende ser condenada.

Para concluir, se puede afirmar que claramente el orgullo, soberbia y desmesura de creer que se hallaba en posición de ir contra de la voluntad de los dioses y del destino fue lo que causó la autodestrucción de Creonte. Es posible entender que la historia de Creonte tenga un final trágico por el hecho de que para los ciudadanos de la antigua Grecia ir contra la voluntad de los dioses, era algo imperdonable.

24 May 2022

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