Ensayo Artistico: 'Introducción. El Arte y los Artistas' de Gombrich

Breve biografía del autor

Ernst Hans Josef Gombrich (Viena, 30 de marzo de 1909 – Londres, 3 de noviembre de 2001) fue un historiador del arte austríaco.

En 1933 tras licenciarse en Historia del Arte fue nombrado colaborador de Ernst Kris en el Kunthistorisches Museum de Viena. Con los nazis en el poder, emigró a Londres y comenzó a trabajar en el Instituto Warburg. Además, trabajó para la emisora BBC aunque un tiempo después volvió a su trabajo en el anterior instituto citado anteriormente, del cual se convirtió en director entre los años 1959 y 1976.

Compaginó su cargo con una cátedra en la Universidad de Londres. Gombrich se dedicó a la enseñanza en distintas universidades europeas y americanas, concretamente, su docencia la dedicó al análisis iconológico.

Realizó la publicación de numerosos artículos, libros y ensayos como Freud y la psicología del arte (1965), Norma y forma (1966), Lo que nos cuentan las imágenes (1991) o uno de los libros dedicados al arte más populares: Historia del Arte (1950), un extraordinario compendio entre conocimiento y amor hacia el arte. Este libro se caracteriza por su narrativa clara y estilo desahogado.

Resumen informativo

En este trabajo “el arte ensayo argumentativo” me gustaría hablar sobre Gombrich que en el capítulo introductorio de“El arte y los artistas” fomenta la idea de que cada individuo vive una realidad del arte diferente en una misma sociedad. Por ello, podemos afirmar que no hay un arte definido ni condiciones fijas.

De esta manera, demuestra que el “Arte con A mayúscula”, el arte sin condimentos y propiamente dicho, es un concepto idealizado.

Afirma que en realidad, el arte no existe, sino que lo que existe son los artistas. Gombrich, por otro lado, analiza diversas producciones artísticas durante la historia del arte en general y argumenta la manera en la que algunas obras de arte han padecido de prejuicios personales y especulaciones sin razonamiento alguno que han transformado la percepción de la expresividad, la belleza y la realidad.

En el primer ejemplo que expone, Gombrich compara la imagen del delicado retrato que pintó Rubens de su hijo pequeño, con la imagen del retrato que realizó Durero, probablemente de su madre anciana. Ambos pintados desde un sentimiento de amor y cariño prácticamente idéntico. Sin embargo, a primera vista, la obra de Durero parece ser más dura e impactante por representar la vejez de una manera tanto decadente como real.

Por otra parte, Gombrich muestra la pintura de Ángel de Melozzo da Forlì y también la llamada Ángel, de Hans Memling. El autor comenta cómo a menudo es la expresión de un personaje la que hace que nos guste o no la obra. Esto ocurre porque, frecuentemente, el espectador se siente más atraído por un personaje con expresiones fáciles de identificar; suaves, gentiles, amables, etc.

En este caso, de un simple vistazo resulta más “agradable” y fácil el Ángel de Melozzo da Forlì. La expresión de un personaje con las características mencionadas anteriormente es una idea premeditado que hace que de manera inconsciente se considere a una pintura de bella. Gombrich explica que una obra no es mejor que otra porque la expresión del personaje en cuestión sea fácil de reconocer, puede ser igual o inlcuso más bello, una que represente un personaje con emociones complejas e inusuales, expresiones que sobresalen de lo habitual y hacen que sea especiales y únicas.

El detallismo en una pintura hace que se perciba más real lo que se quiere representar, pero por no ser minuciosa y cuidada en detalles, tampoco tiene por qué tener menos valor que una que sí los tenga. La belleza no implica una representación precisa y exacta de la realidad. El autor pone como ejemplo la obra Elefante de Rembrandt van Rijn, realizada a carboncillo y con líneas simples, trazos muy livianos que expresan la textura rugosa del elefante, que por otro lado, podemos reconocer sin problema aunque no sea una representación fidedigna de la realidad. En cambio, Alberto Durero muestra en su obra Liebre una representación rigurosa del animal.

El realismo que pueda poseer una obra de arte no implica que sea bella o no. Es imposible juzgar una obra sin antes tener seguridad acerca de quién está equivocado, si el ojo del receptor, o el autor al realizar la obra. Claro ejemplo es la pintura Carrera de caballos en Epson, de Théodore Gericault. Esta obra muestra cómo fue el artista el que se confundió al representar los caballos al galope.

Durante muchos años, los artistas que han representado escenas religiosas se han servido de imágenes idealizadas preestablecidas por la comunidad cristiana. La representación alterada y nueva de los temas de la historia sagrada era un escándalo, ya que éstos se basaban en los valores tradicionales del arte.

Se muestra como ejemplo a Caravaggio. Se le encomendó la labor de realizar una pintura en la que apareciese San Mateo escribiendo el Evangelio siendo inspirado por un ángel. Dicha obra, fue vista como una falta de respeto y decoro por parte del artista, ya que no se asemejaba a la supuesta imagen de San Mateo. Se le representó como un anciano con calvicie y pies sucios. A todo ello, hay que sumarle que el ángel era representado como un adolescente, aspecto poco usual. Caravaggio tuvo que repetir la obra, ajustándose de manera estricta a las ideas y valores acerca de cómo tenía que ser representado tanto un santo, como un ángel.

Podemos decir que el arte es la esencia que emana del ser humano. No existen principios estrictos ni hay nada fijado que se considere como regla indispensable. Somos nosotros mismos los que debemos liberar nuestra mente de prejuicios sociales o valores establecidos, aceptando así, nuevas ideas o emociones que desconcierten. Solo de esta manera, aprenderemos a ser buenos y libres espectadores y poder calificar producciones artísticas con criterio. Es un acto tanto de desfachatez como de ignorancia, juzgar obras de arte sin argumento alguno, simplemente basándonos en lo que “siempre se ha hecho”. En definitiva, para poder adquirir la renovación en el arte y no temer a los descubrimientos, la personalidad humana no debe convertirse en sumisa del arte.

Comentario personal

Haciendo un compendio entre la lectura y mi criterio personal en el presente ensayo del arte, pienso que no existe un arte que represente a todo el mundo ni que esté definido por los mismos valores y patrones. El arte, emana de los artistas, personas que comparten dicho arte en distintos contextos históricos y sociales. Describirse es limitarse, por lo que limitar el arte es limitarnos a nosotros mismos, haciéndonos así prisioneros de unas leyes preconcebidas inamovibles en nuestro subconsciente. Cualquier artista representa y plasma mediante su arte, su libertad. Uno de los objetivos del arte no es simplemente representar la apariencia física de las cosas, sino también lo que interiormente representan.

Gombrich intenta mostrar al lector la imperiosa necesidad de ser espectadores críticos pero con argumentos lógicos y con unos cimientos fuertes que sustenten los razonamientos que desarrollamos. Todo ello sin dejarnos llevar por prejuicios visuales y personales preestablecidos. Esto no quiere decir que debamos mostrar docilidad ante todas las obras, sino que podamos enfrentarnos ante una de ellas que, por cualquier motivo no nos agrade. Es decir, que podamos aportar argumentos tanto desde nuestro propio conocimiento, como de nuestras emociones internas. Evidentemente, no debemos nunca desprestigiar ni desmerecer la obra de un artista, ya que, aunque el resultado no sea de nuestro agrado, en algunos casos, es resultado de un largo proceso creativo y artístico y siempre será digno de mención.

El autor, por otro lado, comenta las representaciones religiosas tan encorsetadas que se han plasmado durante tantos años. Para los valores tradicionales del arte, se toma con completo rechazo el hecho de que se represente en una pintura contemporánea el rostro de Jesucristo de manera “desigual”. Pero, ¿por qué ocurre esto? Realmente, no deberíamos escandalizarnos cuando no sabemos con certeza absoluta cómo era el rostro de Jesucristo. En ocasiones, se ha representado a Dios como anciano aludiendo a la sabiduría. Años atrás, los artistas que han representado escenas y retratos de personajes religiosos se han servido de figuras idealizadas. De ahí a que, por ejemplo, se haya representado siempre a la Virgen María de una manera bondadosa, como ferviente piadosa y con el halo de pureza que la caracteriza. Se podría decir que, el arte, al igual que la fe, no la encontramos en la apariencia física o exterior, sino en la profundidad del alma de cada individuo.

Gombrich brinda un buen recorrido como Introducción al arte en su totalidad. El arte, lo que busca encarecidamente es compartir experiencias, coincidir con personas que vean lo que tú no ves, aprender a mirar con el encanto de otros ojos. El autor siente la necesidad de descubrir receptores libres a la hora de contemplar una obra, desde un punto de vista neutral. Libres en cuanto a prejuicios, para poder despojarse de la mochila de la subjetividad e ir más allá.

El propio individuo es siempre el que debe liberar su mente de dichos prejuicios sociales, aceptando y comenzando a digerir nuevas ideas, conceptos y sensaciones inesperadas. El hecho de leer nos hace libres. El saber y el conocimiento dignifica y engrandece al ser humano. Jamás se deja de aprender algo nuevo en una lectura, al igual que jamás se termina de aprender a vivir. El ser humano y su libre espíritu impone el verdadero poder de pura expresión en una obra de arte. En definitiva, un artista para sentir que permanece vivo, debe soñar y enriquecerse con todas las experiencias que la vida le impone, y eso, sin duda alguna, se reflejará en la producción artística.

10 October 2022
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