Los Cambios Drásticos De La Digitalización Del Cine

La digitalización del cine trajo consigo un cambio drástico en la manera en que las películas se grababan, se distribuían y se proyectaban. En la década del 90 del pasado siglo, el cinematógrafo comenzó un proceso de transición de soporte, pero el salto definitivo sobrevino con las grandes superproducciones de principios del año 2000 y la introducción de la cámara Sony HD 24p a finales del año 1999.

La migración de definición estándar (SD) a alta definición (HD) tomó casi 10 años y aún sigue siendo una transición en curso en muchos países. En la industria cinematográfica el cambio de resolución de HD a 2K y 4K sucedió en menos de la mitad de ese tiempo; fueron los cineastas los primeros que adoptaron estos formatos digitales de mayor resolución en busca de mejores resultados y nuevas calidades para la gran pantalla.

Actualmente las tecnologías digitales han invadido y desplazado a la película de 35 mm no solo en imágenes de altas resoluciones y profundidades de color, sino en proporcionar a los cineastas importantes beneficios como el acceso inmediato a las medias filmadas incluso durante el propio rodaje. Otra de las grandes hazañas de la tecnología digital es la democratización de la producción cinematográfica y la abolición de las barreras económicas a la hora de realizar un filme.

También es notorio el impacto de la digitalización en los órdenes narrativos y expresivos de las obras. Así Andrew Darley, profesor de estética de la Universidad de Barcelona, ha señalado que el cine digital, junto a otros géneros característicos de la postmodernidad que él agrupa bajo la denominación de “cultura visual digital”, muestra una tendencia “a elaborar formas de producción textual construidas sobre una intensificación y un aumento de los modos de combinación o montaje de imágenes”.

En ese sentido, desde hace un tiempo hasta la fecha, vienen detectándose en la producción cinematográfica indicios de alteraciones en el estilo fílmico; alteraciones que curiosamente suponen la recuperación de algunos rasgos que caracterizaron el discurso cinematográfico en su período primitivo, en una trayectoria circular que llevaría al cine contemporáneo, inserto en la dinámica postmoderna, a enlazar con el “cine de atracciones”.

La película fotoquímica fue el único formato usado para capturar, proyectar y almacenar imágenes en movimiento durante más de 100 años; su composición está dada por una emulsión que contiene granos formados por cristales de haluros de plata que reaccionan químicamente al contacto con la luz y se transforman en plata metálica en el revelado. Después de un día de rodaje en el cine clásico, la película de 35 mm iba al laboratorio, se revelaba durante la noche, se positivaba y al día siguiente era que finalmente estaba lista para su reproducción. El resultado final era una incógnita, porque durante el proceso de filmación no se podía saber con exactitud cómo luciría el film y había que confiar ciegamente en el director de fotografía, motivo que siempre generaba tensión en los que trabajaban esta especialidad y a la vez era la fuente principal del talento de los fotógrafos.

Una cámara digital no usa película de 35 mm. En su lugar, tiene un sensor electrónico situado detrás del objetivo que se compone de millones de receptores fotosensibles llamados fotositos. Cuando la luz atraviesa la lente y entra en contacto con el sensor, produce en cada fotosito una débil señal eléctrica que es amplificada y convertida en información digital como cadenas de dígitos binarios. Estos datos se representan como cuadraditos de color individualizados llamados píxeles los cuales conforman la imagen fotográfica digital.

Con la ayuda de monitores conectados a las cámaras digitales se puede evaluar exactamente lo que se está grabando en pleno set de filmación. A diferencia de las cámaras de 35 mm, no tarda un día para lograr apreciar el resultado de la grabación, además la capacidad de almacenamiento es 100 veces superior al antiguo formato, que permitía rodar en cada rollo de celuloide un máximo de 10 minutos. Todo esto conlleva un gran ahorro de dinero y tiempo; además la diferencia de peso y comodidad de la cámara digital es inigualable a la analógica de 35 mm.

El trabajo del editor también se facilitó enormemente con la digitalización de la tecnología, ya que antes el montaje implicaba cortar y pegar trozos de película físicamente. Otro punto importante es la corrección de color para dar el aspecto deseado a la película antes de su pase en las salas de cine. En el método fotoquímico tradicional se revelaba el negativo y se positiva en el laboratorio, luego los únicos ajustes posibles eran el equilibrio de colores entre rojo, verde y azul y el brillo.

La corrección digital de color va muchos más lejos, es posible aplicar cualquier cambio: en pocas palabras es posible aislar un área determinada del fotograma y darle la tonalidad que se desee.

En materia de distribución, la principal ventaja del digital es que mientras el pase consecutivo de las copias en 35 mm genera polvo, rayas, suciedad y descompensación; en el sistema de exhibición digital la imagen se mantiene perfecta todas las veces que se proyecta. Según Jorge Carrasco, profesor de tecnología de los medios de la Universidad de Barcelona: “mayor calidad, mayor flexibilidad y un importante ahorro en el tiraje y distribución de copias”.

Actualmente la resolución efectiva en ambos formatos (35 mm y digital) es la misma, siendo mucho más nítida en el caso de la proyección digital que permite además, la reproducción de formatos 3D estereoscópicos, otorgando un plus al espectáculo que significa hoy, ir al cine en el mundo desarrollado.

08 Jun 2021
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