Relación entre la Resiliencia y la Calidad de Vida de los Pacientes con Insuficiencia Renal

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En la presente investigación se encontró que existe relación entre la resiliencia y la calidad de vida en pacientes con el diagnóstico de insuficiencia renal crónica, afirmando la hipótesis planteada al inicio de este estudio. El Coeficiente de correlación de Spearman Rho es de 0.827**, lo cual indica una relación positiva de nivel moderado a fuerte, es decir, a menor resiliencia la persona no cuenta con recursos emocionales para afrontar las dificultades, disminuyendo su percepción de calidad de vida frente al diagnóstico de su enfermedad.

Estos resultados se asemejan a los obtenidos por Quiceno y Vinaccia (2011) en su investigación sobre la resiliencia y calidad de vida también en pacientes con insuficiencia renal crónica de Colombia, encontrando que la calidad de vida a nivel de salud física se ve alterada por las consecuencias físicas, sociales, económicas y emocionales que acarrea la enfermedad, mientras que la resiliencia juega un papel importante como variable protectora en la calidad de vida a nivel de salud mental en los pacientes con IRC, teniendo ambas variables relación en esta población.

Asimismo, se obtuvo que en los niveles generales de resiliencia predominó el nivel bajo con un 49%, seguido del nivel moderado con un 38% y un nivel alto de 13%. Siendo resultados análogos con los expuestos por Porcel (2018) en su investigación a 40 pacientes en Cusco, alcanzando un nivel de resiliencia bajo del 80%. Esto puede ser ya que, ambas poblaciones provienen de realidades similares, pertenecen a un hospital estatal con características sociodemográficas y económicas afines. Sin embargo, ambos resultados difieren de lo encontrado por Benites (2018) en su investigación a 42 pacientes en tratamiento de hemodiálisis, teniendo como resultado que el 67% tiene un nivel alto de resiliencia, ya que encuentran algo de que reírse, rara vez preguntan la finalidad de todo, pueden ver la situación de varias maneras, están decididos, y tienen autodisciplina. Es posible relacionar este resultado ya que no todos los pacientes pueden manejar varias cosas al mismo tiempo con tranquilidad, sumado a su origen socioeconómico y físico.

En cuanto, a las dimensiones de resiliencia se evidencia que éstas puntúan con niveles bajos. Como es: confianza en sí mismo con 45%, ecuanimidad con 59%, perseverancia 65%, satisfacción personal con 57% y sentirse bien solo con 49%. Sin embargo, es opuesto con la investigación de Peve (2018) donde encontró niveles entre moderados a altos en cada una de las dimensiones de resiliencia en pacientes con el diagnóstico de insuficiencia renal crónica. Esto tal vez se dé a la diferencia situacional y socioeconómica ya que en el estudio de Peve asistían a un centro especializado particular de diálisis en Lima.

Con relación. al nivel de resiliencia según su edad se encontró que el 50% presentan un nivel moderado entre las edades 18-35 años, el 63% entre los 36-50 años presenta un nivel bajo y el 78% entre los 51-65 años tienen un nivel bajo. Asimismo, Cabrera y Lappin (2016) en su estudio hallaron que los pacientes entre 18-40 años presentan 40% en el nivel moderado, de 41-64 años obtuvieron 66,7% en el nivel bajo, y las personas adultas mayores de 65 años a más alcanzaron un porcentaje de 78,9% en el nivel bajo de resiliencia. Por lo tanto, se puede concluir que, a mayor edad, menor nivel de resiliencia tienen los pacientes debido tal vez que tuvieron que abandonar sus trabajos y por ende dejaron de sentirse útiles dentro de su familia y la sociedad. No obstante, Grotberg (como se citó en Saavedra y Villalta, 2008) refiere que, en la etapa de la adultez, la persona ha desarrollado de forma eficaz la resiliencia, debido a las situaciones que ha experimentado a lo largo de su vida, teniendo como principio en la vida ser un ente activo, contribuyendo a los diferentes aspectos de su vida personal, social, laboral y familiar. Sabiendo que cuando este sentimiento de superar las dificultades con su propio esfuerzo se ve afectado como en una enfermedad crónica, la persona tiende a presentar sentimientos de minusvalía y a sentirse estancado en esta etapa de su vida y su capacidad de resiliencia también se verá afectado.

Por otro lado, los resultados obtenidos según los niveles de resiliencia por sexo, mostraron que el sexo femenino obtuvo el 67% en nivel bajo, y los hombres obtuvieron 75% en nivel bajo. Del mismo modo, para Molina y Montoya (2017) en su investigación a 118 pacientes con insuficiencia renal crónica en Arequipa, encontraron que ambos sexos tuvieron niveles bajos, sin embargo, los varones un porcentaje de 85,24% y las mujeres de 77,19%. También, para Montenegro y Ponce (2014) en su investigación sobre la resiliencia en mujeres de Quito-Ecuador, encontraron que el 52,9% de la población son resilientes. Siendo las mujeres quienes llegan a comprender, mejor que los varones, los cambios que representa una enfermedad crónica.

Por lo que corresponde a, la variable calidad de vida en pacientes con el diagnóstico de insuficiencia renal crónica se encontró que el 60% tienen un nivel bajo, el 26% un nivel moderado y el 14% un nivel alto. Así también, los estudios realizados por Cieza (2017), y Guzmán, Moreno y Muro (2017) muestran un nivel bajo de calidad de vida con 60% y 41,23% respectivamente. A diferencia del estudio realizado por Bonilla (2018) donde se encontró una percepción de la calidad de vida de buena a regular con un 58.3%. Así también, Saldaña (2014) en su investigación a 51 pacientes en Nicaragua observó una buena calidad de vida. Los componentes afectados son la carga que representa la enfermedad en la vida y la percepción del efecto de la enfermedad en su estado físico, se encontró factores de riesgo, pero sin significancia estadística probablemente debido a una muestra pequeña. Se puede decir que la calidad de la atención del personal del servicio, así como el depender del trabajo, su entorno social, su ambiente, su vitalidad, su estado emocional, son factores que influyen en cada persona para percibir de manera diferente su salud, pese a los esfuerzos por sentirse mejor.

Respecto al nivel de las dimensiones de calidad de vida se halló un nivel bajo en las siguientes dimensiones: función física con un 46%, rol físico con 52%, dolor corporal con 48%, salud general con 46%, vitalidad con 52% y rol emocional con 56%. Mientras que las dimensiones función social con un 49% y salud mental con 52% obtuvieron nivel moderado en su calidad de vida. Igualmente, Vergaray (2016) en su investigación a un hospital de Huánuco obtuvo que la calidad de vida de los pacientes en la mayoría de las dimensiones presentó niveles bajos como salud general con 93,3%, función física con 70%, rol emocional con 70%, función social con 73,3%, dolor corporal con 63,3%, vitalidad con 73,3% y salud mental con 70%; mientras que la única dimensión que presentó un nivel alto fue el rol físico con 53,3%. También, Chávez (2013) en su estudio encontró que el 56% refirió un nivel de calidad de vida regular, mientras que en sus dimensiones que puntuaron regulares fueron: rol físico con 54%, vitalidad con 54%, rol emocional con 40%, salud mental con 56%, función física con 44%, mientras que las que puntuaron deficientes fueron dolor corporal con 56% y salud general con 60%. Si bien no muchas investigaciones estudian los niveles de calidad de vida según sus dimensiones podemos observar que también puntúan bajo debido a la enfermedad crónica que padecen.

En consideración, al nivel de calidad de vida según su edad vemos que el 40% de participantes entre los 18-35 años presenta una calidad de vida moderada, un 67% nivel bajo entre las edades 36-50 años, y un 52% nivel bajo entre las edades de 51-65 años. Del mismo modo, en el estudio realizado por Gómez (2014), el 74.1% de los participantes refirieron como factor de riesgo la edad ya que influyeron en las capacidades de autocuidado debido que, a mayor edad de los participantes, menor conocimiento poseían de la insuficiencia renal crónica y la hemodiálisis.

Sobre, los resultados del nivel de calidad de vida según el sexo, se encontró que el 66% de mujeres presenta una calidad de vida baja, al igual que los varones con un 55%. Sin embargo, para Varillas (2015) el mayor porcentaje de los pacientes expresan que la calidad de vida es medianamente adecuada, ya que su salud algunas veces es buena, aunque tuvieron que dejar de hacer algunas tareas en su trabajo o actividades cotidianas; seguido de un menor porcentaje significativo que dicen que es inadecuada ya que no se sienten calmados y tranquilos, la presencia de dolor dificulta su trabajo y con frecuencia no tienen mucha energía; mientras que un mínimo porcentaje expresa que es adecuada, ya que la salud física o problemas emocionales no le han dificultado sus actividades sociales y no se siente desanimado y deprimido. 

01 August 2022

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