La Lengua de Tolkien, una Lengua Universal

Introducción

Encontrar una lengua universal ha sido una aspiración de las civilizaciones desde tiempos inmemoriales. El primer referente escrito que se puede encontrar es la Biblia, que en varios textos repartidos entre ambos Testamentos habla de un idioma universal, la lengua adámica. En el Génesis (2:19, 6-7, 11:1-9) se hallan tres de estos textos, en los que se habla del don divino de Adán para entender el nombre (la esencia) de cada cosa del universo. Se relata posteriormente el mito de la Torre de Babel, en el cual los humanos hablaban una lengua única, pero por su excesiva soberbia fueron castigados con la disgregación y la fragmentación de esta en un sinfín de diversos idiomas. 

Desarrollo

En otros textos, como el Milagro de Pentecostés. En otros textos, como el Milagro de Pentecostés (Hechos de los apóstoles, 2:1-8), los apóstoles están dotados por Dios del don de hacerse entender por cualquier persona independientemente de la lengua que esta hable. Mucho después de los mitos cristianos surgen los sistemas lingüísticos artificiales como tales, enormemente inspirados por la lengua adámica original: esta es una de las influencias que llevaron a los autores de los primeros modelos a buscar la esencialidad, dada la asociación cristiana de las nomenclaturas con la “auténtica naturaleza” de las cosas. 

Sin embargo, la primordial razón para la búsqueda de esa lengua universal en este siglo fue la inevitable decadencia del latín como idioma puente, debido al surgimiento de nuevos nacionalismos que revalorizaron las lenguas nativas, a los contactos con civilizaciones no europeas, a la extensión de la cultura a una clase media que no estaba dispuesta a invertir su tiempo en aprender lenguas clásicas. Los lingüistas del Renacimiento hallaron interés, por otro lado, en los caracteres del chino y los jeroglíficos egipcios (mal entendidos), además de los guarismos, que emplearon en la creación de sus proyectos. 

Estas lenguas a priori se vieron respaldadas por la creencia renacentista de que el valor de la cultura y la distribución de la misma era una cuestión supranacional, y de la convicción sobre la necesidad de pulir una lengua común lo bastante racional como para ser usada en la comunidad científica internacional. A finales del siglo XVIII va muriendo la concepción previa de las palabras como esencia de las cosas, y la creación de lenguas artificiales da un importante giro hacia el pragmatismo. Las nuevas lenguas se construyen en función de lenguas naturales, y surgen así los sistemas a posteriori. 

En el siglo XIX, especialmente hacia el final, se multiplican los proyectos destinados a la comunicación internacional, que ahora tienen mucho más en cuenta los elementos fonéticos y la facilidad de aprendizaje. Sin embargo, tampoco estos alcanzan ningún éxito real. El siglo XX cuenta con varios intentos fallidos de sistemas lingüísticos artificiales. En 1924 se funda la International Auxiliary Language Association en Nueva York, que realizó la comparación de seis lenguas artificiales de entre las más exitosas para combinar sus características en un vocabulario común que se denominó interlingua. Tuvo cierta importancia en los años 50, pero no ha prosperado posteriormente. 

En 1943 se publicó en Inglaterra la interglossa, un esquema de lengua basada en elementos neoclásicos comunes a las lenguas europeas. En la segunda mitad de siglo se realizaron numerosas tentativas, de las cuales ninguna alcanzó demasiado éxito. Sin embargo, lo más notorio fue el cambio de mentalidad. Se fue poco a poco aceptando que los proyectos de lenguas artificiales como método comunicativo universal tienen escasa o nula probabilidad de éxito, y se asumió el inglés (como antes el francés o el latín) como idioma puente. Se ha intentado simplificar esta lengua, como en el proyecto BASIC (British, American, Scientific, International, Commercial) English anterior a la Segunda Guerra Mundial. 

Este intento tampoco prosperó debido, principalmente, a la guerra, ya que los mayores interesados habían sido los estados centroeuropeos y Japón. Actualmente, todo el protagonismo se lo llevan los sistemas con fines artísticos, por su potencial para la creación de mundos ficticios y la importancia que están adquiriendo en el cine y la literatura, como por ejemplo las lenguas élficas (Tolkien), el Klingon (Okrand) de la saga StarTrek o el Na’vi (Frommer) de la película Avatar, así como el Dothraki y el Valyrio, ambos de Peterson y en los cuales se profundizará más avanzado el trabajo. En los siglos XVII y XVIII destacan la influencia de los sistemas artificiales simbólicos en las utopías.

En las que se ideaba mundos ideales con lenguajes que se sumaban a la armonía del entorno, claramente basados en la lengua adámica originaria. Bebían también de la fascinación por los lugares lejanos y exóticos. Un ejemplo es la famosa historia de Swift, Los viajes de Gulliver, donde encontramos constantes alusiones al lenguaje y menciones de lenguas inventadas, tanto la de Lilliput como las de Laputa y Balnibarbi, que suponen una parodia al racionalismo lingüístico europeo. En el siglo XX, sin embargo, la literatura da un giro para orientarse hacia las distopías, que perseguían hacer reflexionar al lector, por lo que le exponían ideas terroríficas que lo obligasen a replantearse sus acciones. 

Con este fin se empleaba en los relatos distópicos el lenguaje como una herramienta de manipulación y como un arma contra la libertad de pensamiento. Esto se ve, mejor que en ninguna otra obra, en 1984, con la neolengua que pretende controlar por completo al individuo mediante el lenguaje, eliminando palabras relacionadas con conceptos negativos para el régimen dictatorial que gobierna la sociedad de Orwell. Otro ejemplo lo encontramos en Un mundo feliz, de Huxley, donde la lengua no tiene un papel tan protagonista pero sí resulta interesante, porque el control se basa en cargar ciertas palabras de connotaciones negativas para que la gente, por pudor, no las emplee.

Destaca el salto de las lenguas ficticias a la gran pantalla, aunque cabe clasificarlas según sus diversos orígenes: algunas, en especial las más recientes, son creadas específicamente para su uso en series y películas, como el Na’vi en Avatar. Otras, como las lenguas élficas de Tolkien, habían sido ya diseñadas para proyectos literarios y tuvieron que ser aprendidas por los actores de las adaptaciones cinematográficas. Por último, también se ha dado el caso de que a partir de unas escasas palabras surja la necesidad de inventar una lengua completa, como es el caso del pársel de Harry Potter, ya que en el libro no se emplea el idioma de forma literal.

Era necesario desarrollarlo para poder usarlo en las películas, o como el valyrio y dothraki de Juego de Tronos, que empezaron siendo algunas palabras sueltas en las novelas y se tuvieron que ampliar hasta conformar dos lenguas completas para poder usarlas en la serie. Pese a que no fuese este su objetivo inicial, es obligado citar su rol en el cine, pues este sistema supuso un recurso importante en ciertas películas que requerían una lengua ficticia. El esperanto dio el salto a la gran pantalla como recurso artístico en el Gran Dictador, de Chaplin, en 1940, para escribir los carteles del gueto que aparece en la película. 

El primer filme rodado por completo en esperanto fue Angoroj (“angustias”), de Jacques-Louis Mahé, en 1964, que no tuvo demasiado éxito debido a que el público no la entendía. Muy poco después surgió Incubus, de Stevens, en el 65, en la que aparecen varios diálogos en esperanto. En La ciudad quemada de Ribas, publicada en 1976 y ambientada en una Barcelona conflictiva de principios del sXX, se manifiesta que esta lengua es representa la paz y el futuro. Pese a todo, el esperanto no triunfó como recurso cinematográfico, quizá debido a que no está pensado para llamar la atención o ser bello sino como lengua práctica.

Al contrario que los grandes sistemas lingüísticos del cine, planteados desde una perspectiva artística, a menudo nacidos de la literatura. El klingon: Fue creado en 1979 para la primera película de la saga de ciencia ficción espacial Star Trek, Star Trek: The Motion Picture. Se decidió que los klingons, unos alienígenas de aspecto humanoide y facciones que provocan repulsión, debían tener su propio idioma. En esta primera película aparecían expresiones fonéticas inventadas, sin ninguna estructura premeditada ni significado real, que pretendían dar la impresión de tratarse de una lengua. Su invención quedó a cargo del actor James Doohan.

Interpretaba a Montgomery Scott (ingeniero jefe de la nave espacial de los protagonistas) en la serie. Esto es lo que se denomina una xenolalia, o imitación del habla extranjera sin estructura, y como en otros ejemplos de lenguas artísticas, supuso el primer pilar en la creación del klingon. Este proyecto vuelve a aparecer en Star Trek III: The Search for Spock, de 1984, ahora como una lengua consolidada por el lingüista Marc Okrand, que había elaborado ya otro sistema lingüístico dentro de Star Trek, el vulcano. Al principio, Okrand se basó en los nombres propios y sonidos que habían aparecido ya a lo largo de la serie.

No tenía pensado realizar una lengua completa sino solo términos y expresiones que fuesen de utilidad para el guion. Por eso, su principal objetivo era que la fonética no se pareciese en absoluto a la de los idiomas humanos y, sin embargo, pronunciable para los actores. Acabó escogiendo un amplio abanico de ruidos guturales, difíciles tanto de pronunciar como de entender. De hecho, el propio Okrand tuvo que ayudar a los actores a aprender sus líneas. No fue hasta después, tras el éxito que obtuvo el klingon y por la presión del fenómeno fan, que Okrand decidió elaborar un sistema lingüístico complejo y consolidado. 

Gran parte del léxico hace referencia a conceptos bélicos, pues es un importante factor de la cultura ficticia de los klingon y, como anécdota, Okrand decidió que los errores de pronunciación que cometieran los actores se convertirían en coloquialismos. Pese a la gran dificultad que presenta, el klingon es un fenómeno muy popular entre los numerosos fans del título Star Trek. Esta fama, propulsada a través de Internet, ha convertido al klingon en un icono y ha permitido que, pese a ser una lengua nacida con propósitos artísticos, se convierta poco a poco en algo más práctico: se ha fundado un Instituto de Lengua Klingon (fundado en 1992), en el que se puede obtener mediante un examen una titulación de nivel del idioma. 

Además, se han elaborado proyectos culturales como la traducción de Hamlet y la lengua aparece de forma habitual en series como The Big Bang Theory. Tanto la gramática como el vocabulario están registrados en obras de Okrand como El Diccionario Klingon. Las lenguas élficas de Tolkien: Tolkien tiene el mérito de ser el precursor de las lenguas artificiales usadas en ficción, y es que no hablamos ya de expresiones o términos, sino de más de 14 sistemas complejos en su gramática y fonética, todos ellos pensados para usarse únicamente en el universo del autor con el fin de hacer más realistas y tangibles las civilizaciones que coexisten en este. Aunque inventó lenguas para orcos, enanos, humanos y hobbits, las de los elfos se convirtieron en las más populares. 

El sindarin (élfico común) y el quenya (élfico culto) fueron las más destacadas, mayormente debido al éxito de las adaptaciones cinematográficas de El Señor de los Anillos y El Hobbit. Estas lenguas están presentes en toda la obra de Tolkien, y supusieron una importante influencia, posiblemente siendo su popularidad la raíz de la abundancia de lenguas ficticias en la literatura de fantasía posterior. Están pensadas para transmitir belleza, calma y armonía en su fonética. Tolkien argumentaba que, por el marco de su obra, sus personajes no podían emplear el inglés. Sin embargo, se basó en el inglés para idear una lengua común a todas las civilizaciones, el Westron, que era la preferida por todas las razas menos los elfos.  El quenya surgió a raíz del interés que notaba Tolkien por la lengua finesa, que influenció la estructura del sistema. 

Conclusión

Sse ve influenciada por el latín y el griego: es una lengua flexiva y, además, aglutinante. Para introducir un ejemplo: hautanyel (“yo te detengo”) está conformado por hauta (detener) y los morfemas flexivos nye (“yo”) y l, (“te”). ¿Cómo se expresan morfemas y monemas? El sindarin, algo distinto en busca de un sonido menos refinado, está más fundamentado en el galés, del que se extrajo el fonema /ə/ y ciertos grupos consonánticos. Aún así, comparte rasgos con el quenya como la abundancia de consonantes líquidas y nasales y la presencia habitual de varias vocales juntas como en aearon (“océano”). Al fundamentar sus sistemas en estos idiomas, Tolkien logró que fuesen lenguas de apariencia europea, que suenan familiares para los occidentales, pero con una suavidad muy propia de la cultura inventada a la que pertenecen. 

22 October 2021
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