Los Valores Éticos y el Desempeño Laboral de los Empleados Administrativos de las Universidades

La humanidad ha experimentado un extraordinario avance a finales del siglo XX, en lo relacionado a lo científico y tecnológico. Este hecho ha presentado el proceso ineludible de la sociedad que plantea la pertinencia de organizar el proceso de acuerdo al espíritu de la época.

En efecto, existen ideologías y paradigmas que aprueban los argumentos a este progreso y construyen un apropiado soporte intelectual: la idea básica de transformar a los hombres en víctimas o en esclavos para el supuesto bien de las generaciones futuras, lo cual presentaría una idea abstracta legalizada en nombre de la nación, del pueblo, de su desarrollo en sí. Paradójicamente, esta noción no siempre es coherente con la realidad de los diferentes sectores de los pueblos en los cuales se inscribe, aportando una justificación social para la educación moral.

En tal sentido, el progreso auténtico y más importante, está basado en la disposición para escuchar las críticas fundamentales y aceptar las sugerencias razonadas. El avance logrado por el hombre le ha permitido dominar los males de la sociedad, de escapar a la fatalidad y de confrontar prospectivamente la visión futura, aunque sin embargo, no tiene carácter ineludible y no garantiza un futuro mejor, por cuanto el individuo está sometido a las necesidades de una historia en marcha donde se tropieza con problemas sociales, económicos y morales que podrían desvirtuar su camino hacia el progreso.

En tal sentido, la noción de formación moral, implica el desarrollo de actitudes hacia las normas, principios, hábitos, conductas, convicciones y pautas logrando la posible convivencia social entre los hombres. De allí que, sea la solidaridad el principio fundamental del nuevo humanismo en el marco de la formación de valores, tal como lo explica Termes.

Por lo tanto, los valores identifican y refuerzan, mediante propuestas socio–culturalmente coactivas de comportamiento, las áreas importantes del tejido cultural, donde el buen funcionamiento depende de la sobrevivencia y el logro de los fines para el grupo de hombres y mujeres que conviven.

De lo dicho, debe estar claro que el grupo de personas y la cultura son realidades inseparables; no pueden existir el uno sin el otro, pero estos grupos de personas se dividen por razones de su propia organización interna, en subgrupos, considerando los criterios de sexo, edad, ocupación, y otros, las ramificaciones culturales generan subculturas, los cuales responden a las necesidades de organización y de significados específicos para las exigencias de cada grupo. Es en esta ramificación inevitable donde se observa en torno a la cultura organizacional, en la cual los valores forman parte de ésta con carácter de mediador instrumental en la realización del grupo de personas.

Según lo expresan Siliceo, Casares y González, una cultura organizacional saludable debe tener identificados y socializados los valores de los cuales depende su éxito, asociado a la productividad del trabajo de sus miembros.

Por otra parte, en la organización, pensar en el sistema de valores personales implica buscar la contribución de los actores en los procesos de influencia. Es decir, la disposición de los integrantes a aceptar los mensajes, no por lo que tienen de autoritarios sino porque comparten el sentido y la importancia de sus contenidos.

De esta manera, según lo expresa Etkin, se utiliza la palabra valores en lugar de bueno, por cuanto lo bueno, lo justo se toma como en la esencia de la ética pero pasan a ser componentes de una categoría conceptual: los valores.

En tal sentido, al considerar las organizaciones tratando de crecer en un mundo globalizado y con problemas propios en el orden político y económico, necesitan desarrollar una cultura organizacional saludable, tomando en cuenta su visión y misión compartidas por la organización, donde el trabajo de sus miembros de acuerdo a lo expuesto por Siliceo, Casares y González, genera confianza, responsabilidad, seguridad, calidad y excelencia en sus operaciones considerando el componente ético en cada una de ellas, para lograr un beneficio competitivo.

Al hacer referencia a la competitividad se afirma que, una empresa ética como organización siempre es más competitiva, interpretando este concepto como el deseo de mantener un ambiente de relaciones con los actores involucrados en la actividad empresarial, que facilite su permanencia en el mercado a largo plazo con un beneficio suficiente para lograr su perdurabilidad, tal y como lo explica Cortina, cuando pretende hacer énfasis en el trabajo dentro de una empresa, estableciendo sinergia entre sus miembros.

Según García y Dolan, la unión de la ética y valores producen una sinergia importante en las organizaciones llamados valores éticos, que asociados a un buen desempeño laboral de sus empleados son los medios adecuados para conseguir la finalidad de la organización.

En consecuencia, los valores éticos y el desempeño laboral, participan en toda organización en forma permanente, por cuanto emergen para comprender como se debe actuar en situaciones donde se presente un dilema ético y lograr una solución efectiva, en este sentido, Davis y Newstrom (2000), manifiestan como propósito de la ética: hacer que las personas sean capaces de tomar mejores decisiones en sus relaciones laborales, y por ello, es necesario modelar, donde los lideres y gerentes van a expresar lo deseado y cómo debe desempeñarse el empleado para poder lograr la efectividad dentro de la organización.

Por otro lado, según Robbins, ninguna decisión hoy día estaría ajustada sin la inclusión ética, por cuanto, ésta constituye un valor interno reflejado en el entorno de toda actividad organizacional, caracterizada por un conjunto de factores en las relaciones humanas donde le dan una dimensión ética a los valores representando las convicciones básicas de un modo específico de conducta o estado final de existencia relacionando a estos con creencias, interiorizando y conformando una serie de normas, las cuales al pasar el tiempo se establecen como base en la organización.

En consecuencia, para Ortiz, es importante destacar el interés que han tomado los valores éticos en las organizaciones, generando el crecimiento de códigos de comportamiento y comités éticos. Hay situaciones donde una decisión se condiciona por criterios éticos, esto ha generado la iniciativa de investigaciones y análisis en la posibilidad de formular normas universales de conducta con los cuales se determina si una decisión se ajusta o no en relación con otras posibles soluciones aceptadas por el colectivo de la organización.

No obstante esto, en las organizaciones actualmente se confrontan diversas situaciones críticas propiciadas por los miembros, quienes por tener diferentes creencias y valores les cuesta aceptar los que conforman la cultura organizacional de dicha empresa, lo cual hace difícil asimilar las normas y adecuarse a los requerimientos establecidos, de allí que su desempeño laboral no siempre sea como se espera y esto afecte, de alguna manera, los valores éticos morales de las personas en la organización.

Según García, la crisis en las organizaciones puede tener origen en las acciones de los hombres, incluso cuando no actúan y permiten en las relaciones internas y el entorno la generación de problemas potenciales planteando graves conflictos dentro de la organización.

Al respecto, García y Dolan, afirman que las creencias y valores compartidos aportan, sin duda, la clave más importante para comprender y facilitar la conducta humana en el trabajo, de allí, la necesidad de adecuar el desempeño a los planteamientos y principios éticos conformando la visión y la misión de la organización.

En efecto, el hombre se encuentra inmerso en una realidad social, donde el trabajo y el mercado se justifican, incluso para quienes estudian a tiempo completo, el estudio es una forma de trabajar, es su manera particular de aportar a la sociedad en la cual viven, donde las universidades como organizaciones educativas también se consideran empresas, algunas con fines de lucro y otras sin fines de lucro, pero todas con sus ofertas y servicios para captar al hombre que se desea formar, independientemente de su doctrina a predicar.

Sin embargo, algo es cierto, según lo afirman la Rose y Carpio, todas luchan por sembrar en el individuo los valores éticos y su capacidad de trabajo, necesarios en la convivencia social, ya que en las diferentes culturas y religiones hay crisis de valores éticos.

En su opinión, Guédez, destaca la necesidad en una organización educativa de darle prioridad a todo lo relacionado con valores, ética y formación laboral, ya que de alguna manera se da respuesta en esencia a la finalidad de la educación. De la misma manera, los principios y conductas éticas se desarrollan a partir de todos aquellos esfuerzos educativos fundamentados y orientados en forma conveniente.

Se debe considerar que, el momento actual de la educación es crítico en relación con la formación y desarrollo del hombre, y por ello, la Universidad, como máxima casa de estudios no escapa a esta realidad, la crisis de valores es evidente en las personas de esa comunidad. Esto, unido a las circunstancias complejas del mundo, hacen necesario su atención.

Es necesario destacar para el caso de América Latina, la estructura académica universitaria no sólo ha mantenido el modelo básico de la universidad colonial sino que en varios aspectos, mantiene el estilo napoleónico, donde adopta una jerarquía monolítica, vertical y con programas disciplinarios uniformes, incorporando modelos diferentes de educación tales como la escuela activa, el conductismo, el socio–reconstruccionismo, el cognotivismo, y el constructivismo, pero todo dentro de un esquema tradicional.

Al reconocer los logros académicos de la universidad pública latinoamericana, se impone la actitud crítica en aquellos aspectos del mismo orden intelectual que se deben cambiar. Al mismo tiempo, no se debe asumir una responsabilidad en los cambios sin considerar la trayectoria histórico–social del continente.

Es desde ese contexto donde la universidad latinoamericana considera la opción por el cambio en la dimensión de los valores éticos, porque el ser humano tiene la naturaleza de ser dinámico con cambios permanentes; obedeciendo a la consolidación de su propia humanidad, y es cuando la universidad, de acuerdo a lo expresado por Ordoñez, se debe organizar en función de su misión en el contexto de las necesidades del pueblo en el cual se desarrolla.

En el caso venezolano, la universidad pública, en el proceso de transformación se considera como un ente de cambio social, donde el trabajo desarrollado en su ámbito es un proyecto de vida y debe preservar el carácter académico, el respeto de la autonomía, su condición democrática y actitud crítica, tal y como lo explica AVERU, para que sean estimuladores del desarrollo y actúen como la conciencia en el valor ético de los pueblos asociado a su formación laboral.

De esta manera, las universidades públicas venezolanas deben someterse de manera analítica a las necesidades y requerimientos sociales, preparando a los profesionales para actuar de forma ética y eficiente en los escenarios de toma de decisiones. Una educación de calidad debe formar profesionales críticos, conocedores de sus deberes y derechos, de ideales democráticos con sentido ético, sensibilidad humana y visión colectiva, capaces de impulsar creativamente pensamientos y acciones transformadores de la realidad nacional.

En tal sentido, la universidad dentro de un sistema integrado de educación superior, debe recuperar su papel como conciencia crítica y moral de la sociedad, siendo fundamental una verdadera transformación intelectual, moral y laboral, que permita superar el individualismo de las personas e instituciones y promover la unidad en el respeto de las diferencias, estableciendo una ética de los colectivos, incluyendo los valores humanos de libertad, justicia social, tolerancia y solidaridad.

Es oportuno, el momento de expresar claramente que las instituciones de educación superior en Venezuela, y específicamente las universidades públicas, son organizaciones de gran importancia para el desarrollo y cambio de los valores de la sociedad, por educarse en ellas los jóvenes en diferentes disciplinas, quienes luego tomarán en su desempeño posiciones de liderazgo en el país.

En consecuencia, las universidades, como instituciones, interactúan en una comunidad formada por profesores, empleados, obreros y estudiantes, donde todos en conjunto se convierten en elementos claves para el desarrollo de valores éticos manifestados en el trabajo diario dentro del ámbito educativo.

En el marco de esta realidad, se encuentra La Universidad del Zulia, institución educativa pública y autónoma de la ciudad de Maracaibo, regulada por la Ley de Universidades, y por políticas internas, donde se utiliza la investigación, el desarrollo y la formación de recursos humanos como una práctica diaria, mas no como estrategia de eficiencia superior, en la cual, se involucra al personal tanto académico como administrativo por ser el responsable de obtener la mayor productividad en el servicio ofrecido, tal y como lo expresa Chacín, específicamente cuando se refiere al desempeño laboral de los empleados.

Bajo este contexto, en términos de necesidad futura sobre la institución, está presente el grupo de empleados administrativos, quienes con el resultado de su trabajo logran parte del éxito de la universidad, como organización.

Es importante destacar que, la situación de la universidad en lo social, económico y político, toca directamente a los empleados administrativos, creando resultados poco favorables en la productividad de su trabajo, generando en forma directa según lo explica López (2001), una crisis de valores, para lo cual la misma universidad no tiene fortalecido un plan estratégico con dicho grupo y así lograr la equidad y la identificación con las normas propias de la institución y de esa manera obtener un desempeño laboral altamente positivo, permitiendo desarrollar la personalidad del empleado en las diversas áreas laborales de su competencia.

Tal hecho está suscitándose en la Universidad del Zulia al detectarse que la conducta manifestada por los empleados administrativos del núcleo humanístico no está acorde con la visión y misión de esta casa de estudio, donde la parte humana y social, según el enfoque holístico de su conformación, es fundamental, y por ello, se requiere hacer énfasis en la responsabilidad y el compromiso asumido para lograr la productividad esperada, sin embargo se evidencia a estos empleados trabajando de una manera individualizada sin tomar en cuenta los objetivos de la organización, constatándose poca unificación de criterios, trabajos parcializados, con escaso interés hacia las actividades de la institución.

Esta situación fue diagnosticada para la elaboración del Plan de Desarrollo Estratégico el cual surgió al constatarse que la actuación de los empleados no satisface el compromiso social como parte de ese camino iniciado, pretendiendo lograrse con la participación comprometida y responsable de la comunidad universitaria, donde se discuten las ideas universales.

Todo lo antes planteado, redunda en su sentido de pertenencia a la institución, lo cual podría afectar su desempeño laboral poco efectivo, incidiendo en la calidad del trabajo y en consecuencia se afecta una buena parte del desarrollo institucional.

En tal sentido, es preciso resaltar que el desempeño laboral de los empleados administrativos, según lo expresa Chacín, se caracteriza por acciones indiferentes y rutinarias, con poco sentido de pertenencia hacia la institución lo cual podría coadyuvar a resultados administrativos de poca calidad, entrando en contraposición con la misión, visión y valores deseados, organizacionalmente ajustados a la realidad de una comunidad educativa, con características propias como es La Universidad del Zulia.

Es importante destacar, dentro de las razones que motivan al investigador a estudiar este grupo de empleados universitarios está el establecer la relación de los valores éticos con el desempeño laboral en el sector humanístico de la Universidad del Zulia. 

17 August 2021
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